Blog de Alberto Barlocci


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Actualizado: hace 8 horas 8 mins

¿Por qué Dios permite todo esto?

Mayo 31, 2016 - 17:03

Las imágenes y las noticias no podrían haber sido más dramáticas: adultos y niños en el mar, desesperados y tratando de salvarse, un barco dándose vuelta y arrojando al agua a sus pasajeros, 700 muertos en el Mediterráneo en pocos días, entre ellos y por decenas, niños en tierna edad. Vuelve a la memoria el cuerpito de Aylan, el niño sirio encontrado muerto a orilla del mar el año pasado. En facebook se multiplican los comentarios. El que más me llama la atención es el de una mujer: “¿Por qué Dios permite todo esto?”.

La pregunta, o más bien este grito doliente, penetra en mi conciencia y me interpela. Cómo es posible que Dios permita el mal a esta escala: guerras crueles impuestas a poblaciones obligadas a huir de su país en busca de supervivencia, para luego verse rechazadas por los mismos países que apoyan a las partes en conflicto y hasta le venden armas. Pero ¿en qué Dios creo? Seguramente no en un dios-superman que espectacularmente interviene en todo el mundo deteniendo el mal. ¿Cuál sería la consecuencia de un dios así? Estaríamos despreocupados haciendo lo que se nos antoja; total, tarde o temprano, él intervendría.El misterio de nuestra libertad es parte de nuestra condición humana: somos libres y Dios es tan respetuoso de esta libertad que hasta permite que cometamos el mal, del que somos totalmente responsables. Lo fue Caín cuando levantó la mano contra su hermano, lo fue Hitler cuando quiso organizar el exterminio judío en modo científico, lo ha sido todo asesino a lo largo de la historia. No somos títeres sobre el escenario de la vida, sino actores. La pregunta, en todo caso, debería ser: ¿por qué no detuvimos esas manos asesinas?Entonces, la perspectiva, aún en medio del misterio que envuelve la fe, cambia. Dios quiere intervenir a través de nosotros mismos, en cuanto hermanos, custodios y responsables los unos de los otros. ¿Acaso no disponemos de las herramientas y de los conocimientos para hacerlo? ¿Y no lo habrá inspirado justamente Dios el poder disponer de medios poderosos? Poseemos los instrumentos democráticos para evitar las guerras y las desigualdades sociales que a menudo las provocan. Hemos generado los recursos materiales para intervenir en ésta como en muchas emergencias. Hemos desarrollado el conocimiento científico para intervenir eficazmente contra la pobreza y la miseria e impulsar el desarrollo. Nos sobra capacidad de intervención: el problema es que en lugar de emplearla para construir el bien común, se usa el poder en beneficio de los intereses de algunos pocos.
No es Dios que permite la muerte de tantos inocentes. Somos nosotros.

Crisis y oportunidades

Mayo 24, 2016 - 17:08

Que soplen vientos de crisis, no lo duda nadie. Hasta Bolivia y Perú, que crecían a un ritmo más sostenido, tuvieron que recortar sus previsiones para este año. Chile crecerá menos del 2 por ciento estimado. En Ecuador llovió sobre mojado, pues el terremoto supuso, además, un golpe para una economía en dificultad. México y Colombia alternan buenas con malas noticias, aunque en la sustancia crecerán menos de lo esperado. El freno a la economía brasileña y argentina es serio, y grave en el caso venezolano.La CEPAL aborda la cuestión de la sustentabilidad de las economías regionales en un documento que inaugura su 36 período de sesiones, con la presencia de los representantes de los 45 países de la región. La comisión económica de las Naciones Unidas apunta, en su visión estructuralista, a cambios profundos del estilo productivo y de consumo en pos de la sustentabilidad ambiental y social. Por un lado, es importante cambiar la matriz energética de la región e introducir un sistema productivo con baja huella de carbono para mitigar los efectos del cambio climático en curso (parte de la crisis actual, al menos en Venezuela y el Caribe, depende de una intensa sequía). Por otro, es importante el énfasis en la continuidad de las políticas sociales para erradicar la pobreza y reducir la desigualdad. En síntesis, en el mediano plazo - la CEPAL señala el 2030 –, el desafío es encontrar una nueva dinámica entre Estado, mercado y sociedad.
El documento no se introduce en la complejidad política de ese objetivo. Sin embargo, el tema es clave. De no mediar una superación de los actuales enfrentamientos políticos y articular una política con continuidad en el plano regional, el riesgo es doble: empantanarse en las cuestiones locales, entre el énfasis en políticas sociales y de redistribución, y perder la perspectiva de que los problemas de América latina necesitan ser encarados desde una mayor integración. Se ha instalado la idea de un “fin de ciclo”, luego de los esfuerzos en políticas de inclusión llevados a cabo en estos años, que supone, en muchos casos, la idea de un regreso a recetas que han demostrado no poder resolver el problema de cómo crecer con inclusión social.En estos años, si bien se consiguió la mejora de la calidad de vida de muchos latinoamericanos, unos 70 millones, también se cometieron errores, ineficiencias, se pecó de clientelismo y con frecuencia no se aplicaron planes sociales que fueran, además, productivos. Esta mejora cuantitativa es la contracara de la alternativa que prevé mejoras macroeconómicas que benefician sólo algunos y agudizan la desigualdad. Ambas son negativas. El desafío es cómo cuidar el gasto público haciendo que evolucione hacia mejoras cualitativas y más productivas, no eliminarlo o simplemente ajustarlo. Este paso sólo será posible a través de pactos políticos, mediados por la sociedad civil, que asegure transparencia y rigor en el uso de los recursos.    Pero no es éste el único aporte de la sociedad civil. La CEPAL no lo visualiza, pero la sociedad civil es un actor clave precisamente para humanizar el mercado. Para que éste sea sustentable, en el plano ambiental y social, es necesario que las motivaciones que animen este giro copernicano respondan a valores que no pueden ser la utilidad y la eficiencia productiva. Se trata fundamentalmente de una decisión que responde a una solidaridad intergeneracional. Dicho de otro modo, tiene que ver con el mundo que dejaremos a las generaciones futuras. Ricas en iniciativas que pueden ser fuente de alianza con el Estado en el esfuerzo de inclusión social, la sociedad civil es impulsora de empresas que abarcan finalidades de utilidad social que serán clave para revitalizar el mercado. Este tercer actor económico debe ser potenciado, facilitado e impulsado para que el mercado recupere su dimensión de constructor de civilización.Finalmente, es clave para los líderes regionales, la recuperación de la perspectiva de la integración. Creer que cada país podrá resolver individualmente sus problemas, es ilusorio y es una tentación. No es posible en la aldea global del siglo XXI. Hay que desanclar el proceso de integración de las visiones ideológicas para que avance impulsados por políticas de Estado y la complementación económica y cultural. Como nunca, es necesario ver en este tiempo de crisis una oportunidad para avanzar.

Construir puentes y seguir estrellas

Mayo 9, 2016 - 17:16

Hoy el Papa Bergoglio fue distinguido con el premio Carlomagno que la ciudad alemana de Aquisgrán entrega a personalidades que se hayan destacado en el tema de la paz, la integración y la unidad europea. 

Entre las autoridades que ya recibieron el premio figuran, entre otros, la actual canciller alemana Ángela Merkel, el ex presidente estadounidense Bill Clinton, la iniciativa del Euro que llevó a unificar la moneda en una quincena de países del bloque europeo. La entrega del reconocimiento ocurre en un momento de gran pobreza de ideas en el Viejo Continente que, más que seguir desarrollando la idea de integración como herramienta para la paz y el desarrollo, parece inclinarse a quedar encerrada en su egoísmo bajo la guía de un liderazgo político que mira con un ojo la duración de su mandato y con el otro los sondeos de opinión sobre seguridad y bienestar, supuestamente amenazados por la presión de los migrantes en las fronteras europeas. Una migración provocada muy a menudo por los desaciertos políticos europeos (para decirlo en modo muy suave), como en el caso del conflicto libio y sirio. La multiplicación de muros fronterizos en una región que había casi suprimido las fronteras es evidente y un signo de esta miopía política. Francisco sostiene que Europa, ante la nueva gran migración, debe seguir construyendo puentes y no muros para seguir su inspiración originaria. El mal europeo es precisamente la pérdida de perspectivas, ha desaparecido el horizonte de los ideales que han supuesto la construcción de una Europa unida. Entre ellos, el de la solidaridad y la fraternidad. Y sin una visión no hay futuro. No lo hay para Europa, no lo hay para el planeta. Ante los desafíos actuales, como el del cambio climático que ya provoca daños graves en todo el planeta, la idea de un mundo sin muros y poblados de puentes es precisamente la que necesitamos para avanzar. Dice un proverbio árabe: "Si en tu vida quieres trazar surcos derechos, ata tu arado a una estrella". No es ni utopista, ni una ilusión. Es sabiduría. Pese a los límites y las fallas de sus miembros, la Iglesia sigue el surco de la estrella de Belén. Europa, el mundo, necesita seguir las estrellas de los ideales, como la unidad, la fraternidad. 
Este premio acierta en destacar la labor y la palabra del Papa. 

Ciudad Nueva de agosto

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Agosto 2016
Revista Nº: 578