Violencia de los protagonistas

La intolerancia, una invitada no deseada


Violencia de los protagonistas

Se dice que las pulsaciones están “a mil”. Se habla de la presión que significa pisar el césped de un gran estadio o el court en un Grand Slam. Cualquiera sean las razones, nada justifica actitudes como las de Pepe, defensor del Real Madrid, o los tenistas David Nalbandian y Marcos Baghdatis. Reacciones violentas, agresivas, que recorrieron el mundo casi eclipsando aquello que realmente tenía el máximo valor: la gran actuación de Barcelona en el Estadio Bernabeu, o los partidazos de tenis que estaban jugando el cordobés con el norteamericano John Isner, y el chipriota, con el suizo Stanislas Wawrinka.

Como ha sucedido en el último tiempo, desde que el conjunto catalán se ha convertido en el equipo de fútbol más elogiado del planeta y desde que al Real Madrid lo conduce el polémico Jose Mourinho, cada clásico español acapara la mirada de millones de personas. Cada cual con su estilo, lo que producen los 22 jugadores en la cancha se ha convertido en uno de los episodios deportivos más atractivos. Y otra vez, los dirigidos por Pep Guardiola dieron cátedra como visitantes. Si bien los “merengues” habían comenzado ganando, el poderío blaugrana era imparable. Lo de siempre. El toque, paciencia y lujos marearon por enésima vez a los rivales del Madrid que nuevamente recurrieron a la violencia para detener a Messi. No sólo derribándolo, sino pisándole adrede la mano cuando estaba caído, tal cual hizo el brasileño-portugués Pepe. Descalificador.

En otra parte del mundo, pero con una atracción similar como puede generar el Grand Slam de Australia, Nalbandian e Isner disputaban un maratónico y apretado partido. El talento del cordobés de a ratos era barrido por su furia. Una raqueta arrojada con vehemencia en más de una oportunidad, hasta que en el momento clave del match, cuando estaban 8-8 en el quinto set se enciende su lengua y protagoniza una acalorada e irrespetuosa discusión con el juez, quien no le otorga el Ojo de Halcón para rever un pique dudoso en el saque de su rival. Minutos después, preso de su rabia, Nalbandian pierde el partido y lanza nuevamente su raqueta, antes de saludar al ganador.

En una cancha cercana, otro episodio que nada tiene que ver con el espíritu del tenis. “Es un deporte individual, el tenista está solo y de alguna manera tiene que descargar su bronca”, intentan justificar algunos. Lo cierto es que la actitud de Baghdatis llamó poderosamente la atención. En un descanso del partido que perdió ante Wawrinka por 7-6, 6-4, 5-7 y 6-1, el chipriota rompió cuatro raquetas golpeándolas con dureza contra el piso.

Escenas del deporte de hoy, que hablan de una intolerancia que quiere adueñarse de un espectáculo al cual nadie invita pero igual se las rebusca para aparecer. Los propios protagonistas deberán prestar más atención y reflexionar. De lo contrario, ellos serán los responsables que el público no pueda gozar de las maravillas que ellos mismos pueden hacer con una pelota en los pies o una raqueta en la mano.

 

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Coincido en el caso del Barcelona, pero no en el del cordobés. Todos los canales se hicieron un pic-nic con la pérdida de compostura del cordobés, pero yo observé los hechos y era innegable que la jueza de silla dió esa pelota por "mala" y no habìa duda, además del "no" fuerte y claro señaló con su brazo que el pique fue afuera. En todo caso, si el umpire sostenía lo contrario debió jugarse nuevamente el punto, es lo que corresponde en justicia. Yo ví una reacción indignada de Nalbandián, que le fue contraproducente, pero también una arbitrariedad injustificada del umpire.
Me parece muy pobre confundir "indignación" que es un sentimiento justo, que surge en toda alma sana ante una injusticia, con "intolerancia" que es la consecuencia concreta de un vicio que es la discriminación.
La indignación no es mala per se, simplemente nos da la energía y la posibilidad de transformar aquello que es injusto, claro que también podemos optar por la ira que no transforma sino que agrede personas, pero confundir la ira con la indignación que causa de no poco males psicológicos.
Desde el punto de vista social confundir "indignación" con "intolerancia" està a un paso de afirmar que todos los que quieren revertir las injusticias del capitalismo son "fundamentalistas"....
y no creo que esa sea la lìnea de Ciudad Nueva, por lo menos, no era la lìnea de Chiara Lubich
cordialmente
Julio Ruiz

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