Economía de Comunión

Un pequeño, gran proyecto


11 de Septiembre de 2011

Por: 
Alberto Barlocci

Alrededor de ochenta empresarios reunidos durante un fin de semana para intercambiar experiencias sobre la vida empresarial no parece ser noticia. En este mundo que mueve gigantescas sumas de dinero, con demasiados ceros para poderlas incluso escribir, en el que los números macro hablan de cientos de millones de consumidores, o trabajadores, en el que las maniobras fiscales de los gobiernos abarcan grandes porciones de la población... un grupo tan chico representa una porción infinitesimal de la economía.

Ahora bien, si ese grupo pertenece al proyecto de Economía de Comunión, es decir, a una de las experiencias propias del amplio mundo de la Economía Social y Solidaria, si esas personas tienen como objetivo mejorar y optimizar los resultados de su empresa no sólo para destinar una parte de sus utilidades a los pobres y a la formación de una nueva cultura económica (dos de los objetivos principales del proyecto), sino también para mejorar la relación con sus trabajadores, los criterios a la hora de tomar decisiones para que sean más participativos, encontrar cómo incluir en su plantel a personas que vienen de la adicción o salen de una cárcel o cómo agregar a los sueldos una participación a los beneficios de la empresa... eso sí es noticia.

Es lo que reflexiono mientras almuerzo, junto a una periodista de La Nación de Buenos Aires, con algunos de estos empresarios. Estamos a unos 40 km de la capital argentina, en el centro de formación de los Focolares de José C. Paz. Truene o llueva, esta gente se reúne dos veces al año para avanzar en este sueño: desarrollar empresas que además de participar plenamente del mercado, utilizando las tipologías más variadas (de la SRL a la cooperativa, a la SA), puedan a la vez responder a los desafíos de la pobreza, de la desigualdad, de la exclusión. Son unas sesenta en la Argentina, con varios otros empresarios atraídos por el proyecto, unas 300 en América Latina, y un millar en todo el mundo. Al escuchar su modo de hablar, su discurso, uno capta que se encuentra en un ámbito donde rige otra racionalidad, otro modo de pensar. Algunos ejemplos: el empresario es alguien con una "vocación", o que tiene un "don" el de generar empresas, por ende el trabajo y ese don lo pone al servicio de la comunidad de la que es parte. "Quiero ver cómo ayudar en mi trabajo a que las decisiones las podamos tomar más entre todos...", comenta otro. "No es fácil incorporar a un ex presidiario entre los trabajadores, comprendí que es algo que tenemos que hacer entre todos, si es que queremos dar a alguien una oportunidad en la vida", comenta otro de Paraná. ¿Conflictos? "Los tenemos como todo el mundo, pero meterse en el lugar del otro, comprender sus inquietudes ayuda a afrontarlos mejor". ¿El capital? Por lo visto aquí no lo constituyen sólo los bienes materiales, dinero y maquinaria, o el stock de mercadería, aquí la lealtad, la puntualidad, la fidelidad a lo pactado, la confianza son parte de los "bienes relacionales", es decir de ese capital no-material que nace de las relaciones. "Un camionero me facturó el transporte de mercadería. Yo sabía que podía haberme facturado más sin que yo pudiera verificarlo, por como son los acuerdos en este tipo de actividad, y le pregunté: ¿pero por qué me facturaste lo justo? Y él me dijo: porque encontré cómo hacer todo el recorrido (eran miles de km) siempre con el camión lleno. Sé que usted no podría verificar eso, pero usted siempre es tan correcto conmigo, siempre puntual en el pago, siempre se preocupa por atenderme lo antes posible aún en los fines de semana que yo a usted no le puedo hacer eso", cuenta Germán de una empresa que se dedica a material de construcción. ¿Y contemplar tanto, no es más costoso para la empresa, ser "menos correctos" no los haría ganar más? Ante la pregunta maliciosa Bettina, titular de una agencia de turismo solidario, no tiene dudas: "No sé qué decirte, porque yo desde que comenzamos a ser coherentes con este proyecto, por lo tanto en todos los aspectos de la empresa, he visto crecer la facturación en calidad y cantidad. Ahora hemos abierto una segunda oficina...". Son varios los que tienen su experiencia al respecto. "Es una tentación permanente", reconocen, "pero mis mismos trabajadores hoy me dicen: jefe, no podemos hacer esto, somos una empresa de ¡Economía de Comunión!".

Alguien podrá pensar que esto no es noticia. Yo creo que sí. Aquí, pequeña célula del universo de la Economía Social y Solidaria -y no está de más decir que en su conjunto es la octava economía del planeta-, acontece algo nuevo: se cierra un círculo que abarca empresarios, trabajadores, empresa, proveedores, clientes, Estados, y competidores, etc. La economía, la empresa y el trabajo de ser un lugar de lucha, conflicto, sufrimientos e injusticia se puede comenzar a transformar en ámbito de reciprocidad, de gratuidad, de solidaridad, un ámbito de encuentro entre personas. No significa eso que no haya problemas, sino que brinda una clave distinta para afrontarlos. Quizás es esa "primavera de la economía" que no sin atrevimiento esta gente eligió como lema de este encuentro.

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