Prohibido negar el genocidio armenio
En Francia el Senado aprobó la ley que caratula como delito la negación del genocidio armenio perpetrado por las autoridades de Turquía en 1915. Es uno de los más tristes episodios de la historia Occidental. Se estima que entre un millón y un millón y medio de armenios murieron a lo largo de sufrimientos que se prologaron durante algunos años.
Negar ese genocidio o, en todo caso, esa masacre perpetrada por el Estado en detrimento de millones de ciudadanos inocentes no resiste a ningún análisis serio de la historia. Quien lo hace se expone directamente al ridículo, tal como lo hacen los negadores de la Shoá. Por cierto, algunas posturas a menudo revelan un costado ideológico más peligroso de esas opiniones sobre los hechos. La coincidencia entre ideas antisemitas y la negación de la Shoá es en este sentido emblemática. Y es esta la médula de la cuestión.
Otra cosa es transformar las opiniones acerca de la historia en un criterio para discriminar entre lo lícito y lo ilícito. En este caso ingresamos en el ámbito de la libre manifestación del propio pensamiento y en la violación de un derecho universalmente reconocido.
Obviamente no se discute aquí la oportunidad de castigar penalmente a quien realice consideraciones agraviantes y discriminatorias utilizando la manifestación de su pensamiento.
Por su propia naturaleza la historia carece a menudo de una única mirada. Basta considerar que en Turquía el escritor Orhan Pamuk sufre las consecuencias de condenar el genocidio armenio que, en cambio, el régimen turco sigue negando. Hay pues dos verdades oficiales, la francesa y la turca defendidas por la ley. En ambos casos eso no es hacer historia. ¿Debemos esperarnos que mañana haya una sola interpretación soportada por la ley sobre los dos conflictos mundiales? En los Estados Unidos ha habido medidas disciplinarias contra quienes han criticado la versión oficial del 11 de setiembre...
Llama la atención que incluso países que se han destacado por la defensa de las libertades fundamentales, adviertan la necesidad de castigar a quien piensa de manera diferente. Una postura que en la historia nunca ha dado buenos resultados. Habría que recordarlo.






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