Una carretera resistida
Varios sectores de los pueblos originarios de Bolivia están protestando contra la construcción de una carretera, que según el proyecto, atravesará el "Territorio Indígena y el Parque Nacional Isiboro Sécure" (TIPNIS), su hábitat.
La construcción de esta arteria vial del centro de Bolivia llevará materias primas a la frontera con Brasil y conectará el tráfico de mercancías desde el Pacífico hasta el Atlántico. La ruta atravesará 300 km. de selva amazónica y tendrá un costo de más de 400 millones de dólares. El trazado prevé pasar por la reserva natural TIPNIS.
Según varias organizaciones sociales la obra amenaza una zona protegida al cruzarla y plantean, además, que se violó el derecho de los pueblos originarios a ser consultados.
El TIPNIS es un área protegida de Bolivia creada como Parque Nacional por decreto del 22 de noviembre de 1965 y declarado Territorio Indígena en 1990, gracias a las luchas reivindicativas de los pueblos indígenas de la región. Es una extensión de unos 12.000 km² y se ubica entre Beni (provincia de Moxos) y Cochabamba (provincia de Chapare).
Hace aproximadamente un año, los pueblos originarios lograron suspender, por doce meses, el proyecto. Sin embargo esto no impidió que finalmente se aprobara el primer tramo de la carretera y el inicio de la obra, hecho que motivó a los indígenas a volver a la protesta.
El 2 de agosto hubo una marcha que llegó a la capital, La Paz, reuniendo a tres pueblos originarios contrarios a la ruta que va a pasar por los territorios que ellos llaman "la casa grande".
El 17 de agosto se organizó una nueva manifestación de la que participaron unos 1.500 activistas indígenas que se reunieron en la ciudad de Trinidad con el objetivo de recorrer 600 kilómetros hasta llegar a La Paz.
Lamentablemente, el 25 de septiembre, cerca de la localidad de Yucumo, grupos contrarios a los manifestantes y la misma policía atacaron a los participantes de la marcha dando lugar a violentos enfrentamientos.
Ese episodio de violencia cerró la puerta al diálogo con las autoridades del gobierno para resolver el conflicto pacíficamente. Antes el agravamiento del mismo, la Conferencia Episcopal Boliviana, recordó a las autoridades y los sectores interesados que la violencia “lejos de resolver el conflicto agrava las divisiones y resentimientos entre hermanos, con consecuencias impredecibles que todos podríamos lamentar".





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