¿Un país es una empresa?
La idea de que gobernar un país es como gestionar una empresa está penetrando cada vez más en la cultura política. El razonamiento a la base es simple: si tal persona manejó bien su negocio, lo puede hacer también
con un país, donde eficiencia y eficacia económica son virtudes raras.
Es el razonamiento del pretendiente a la candidatura presidencial del partido republicano en los Estados Unidos, Mitt Romney, por ejemplo (y fue el discurso de figuras como el presidente Sebastián Piñera en el vecino Chile) el caballo de batalla de un personaje como Silvio Berlusconi en Italia... Pero el límite de esta lógica consiste precisamente en que se trata de un razonamiento demasiado simple. Gobernar un país es un tema complejo. El empresario se rige, aunque esto no debe entenderse en modo literal, sobre la base de un balance.
¿Cuál es el balance de un país? Hay balances numéricamente en negativos que son altamente positivos en clave de convivencia social, como por ejemplo el de sostener un sector económico con tal de preservar puestos de trabajo o servicios como el transporte de pasajeros, que no es rentable pero que responde a una necesidad de la ciudadanía.
"Una multinacional grande vende sus productos a los clientes, no a sus trabajadores, y así la mayor parte de los países, incluso los más pequeños", explica el nobel de economía Paul Krugman. El consumo interno es uno de los elementos claves en la mayoría de los países, por lo tanto el razonamiento empresario cuando se enfrenta a la necesidad de reducir costos afronta un problema diferente al de un jefe de gobierno, porque los costos de un país están ligados directamente, en la mayoría de los casos, a sectores que a su vez aportan a la ciudadanía servicios esenciales, salud, educación, vivienda, etc. Reducir esos costos, el déficit fiscal, a menudo tiene por efecto el aumento del desempleo y la recesión. Es lo que ocurre en Irlanda, España, Italia, Grecia en este momento.
Otro detalle no menor: un empresario suele gestionar una institución con una jerarquía casi siempre piramidal, teniendo en sus manos si no todo el poder decisional, gran parte. Un jefe de gobierno nunca posee tanto poder.
Y es bueno que así sea. Con eso ni se quiere decir que es malo que un hombre de negocio entre en política ni que sólo los políticos saben gobernar. Para la tarea de gobierno se necesitan de herramientas políticas. Es un arte que de técnico tiene poco porque un país no es una empresa.






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