La Biblia comentada por los Padres de la Iglesia


Las Cartas Católicas se centran en la fe ortodoxa y en la moral, razón por la cual los Padres acudieron a ellas con frecuencia, como medio para defenderse del creciente desafío que representaban los herejes. Esta circunstancia dotó a las presentes Cartas de gran valor e influencia en las diversas situaciones que se vivieron en los siglos cuarto y quinto.
Sobre todo, los Santos Padres hallaron en ellas un manual para el progreso espiritual, y una fuente de consejos y sólidas enseñanzas acerca de las diversas virtudes con las cuales podemos derrotar a los poderes del mal.

La Carta de san Pablo a los Romanos ha sido considerada siempre como el gran escrito teológico del Nuevo Testamento. La antigua Iglesia también la valoró desde esta perspectiva, y por ello los Santos Padres nos han legado un gran número de importantes comentarios sobre esta Carta.
Los textos de este volumen recogen lo mejor y más representativo de las homilías y comentarios patrísticos sobre dicha Carta, y ofrecen un valioso material que hasta ahora no estaba disponible en castellano.

\"Y comenzando por Moisés y por todos los profetas [Jesús] les explicó en todas las Escrituras lo que se refería a él\" (Lc 24,27).

Los Padres de la Iglesia indagaron a fondo en el Antiguo Testamento en busca de mensajes proféticos referidos al Mesías, y descubrieron que pocos libros bíblicos contienen tantas referencias mesiánicas como los Doce Profetas, también llamados los Profetas Menores no por la menor importancia de sus escritos, sino por la brevedad de los mismos.

“Porque un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado. Sobre sus hombros está el imperio, y lleva por nombre: Consejero maravilloso, Dios fuerte, Padre sempiterno, Príncipe de la paz» (Is 9, 5).

En los capítulos 12-50 del Génesis se narra la historia de los patriarcas Abrahán, Isaac, Jacob y José. Para explicar el significado espiritual de los relatos patriarcales, los Santos Padres acudieron a las cartas de Pablo, a los discursos de Pedro y Esteban en los Hechos de los Apóstoles y al autor de la Carta a los Hebreos. Ellos fueron sus principales maestros, aunque se puedan encontrar en el Nuevo Testamento otras alusiones a la historia de los patriarcas.

Se trata del primer volumen de La Biblia patristica que incluye la presentación, prólogo e introducción general a toda la colección.
Los primeros capítulos del Génesis han ejercido en el desarollo de la teología cristiana una influencia mayor que cualquier otra partedel Antiguo Testamento. El rico mosaico que se nos muestra en torno a la creación del mundo y del hombre resultó fascinante para aquellos ilustres pensadores que fueron los Padres de la Iglesia. Aquí hallaron los primeros hilos con que tejer una teología de la creación, de la caída del hombre y de su redención.

Las cartas de Pablo a los Gálatas, Efesios y Filipenses han dejado una huella imborrable en la tradición y piedad cristianas. Las doctrinas sobre Cristo, la salvación y la Iglesia ocupan un lugar central en estas cartas, y también el misterio de la Trinidad encuentra una referencia muy significativa en la alabanza que el Apóstol dirige a Dios, quien está \"sobre todos, por todos y en todos\" (Ef 4,6).
Para los Santos Padres -que poseían una insaciable curiosidad respecto al misterio de Dios- estas cartas constituian una fuente de profundos conocimientos, raramente captados hoy en día.

Desde sus comienzos la Iglesia siempre ha tenido una Biblia: las Escrituras judías. Pero los cristianos no leyeron estas Escrituras del mismo modo que los judíos. Ellos las leían a la luz de lo que Dios había realizado en Jesucristo. Así, las Escrituras judías se convirtieron para los lectores cristianos en el Antiguo Testamento.

El Evangelio de Mateo destaca como uno de los textos bíblicos preferidos por los Padres de la Iglesia a la hora de estudiar y proclamar la Palabra de Dios. La tradición de comentarios patrísticos sobre Mateo comienza a mediados del siglo tercero con el que lleva a cabo Orígenes. En el occidente de lengua latina, donde los comentarios no aparecieron hasta aproximadamente un siglo más tarde, el primer comentario sobre Mateo lo escribió Hilario de Poitiers a mediados del siglo cuarto.