La gratuidad en acción
El lector de Cn revista conoce el proyecto de Economía de Comunión (ver recuadro), el cual forma parte del variado mundo de la llamada “economía social y solidaria” que, en muchas oportunidades, hemos señalado como eje que complementa la dinámica de los demás actores del mercado. Precisamente en el momento en que la crisis económica sigue vapuleando sobre todo al Viejo Continente, es evidente la necesidad de un modelo de desarrollo sostenible en función de las personas y del medio ambiente. Tal fue el punto de partida del congreso en el que se dieron cita más de 70 empresarios y estudiosos de Economía de Comunión provenientes de Paraguay, Perú, México, Ecuador, Argentina, Chile, España e Italia, en la ciudad boliviana de Santa Cruz de la Sierra.
El objetivo general fue desentrañar, desde la praxis y la teoría, de qué manera la “comunión” puede ser una respuesta antropológica que merezca un espacio en las lógicas económicas y empresarias. Al respecto, fueron esenciales el intercambio de las experiencias compartidas así como las profundizaciones por parte del economista Luigino Bruni, profesor de Economía de la Universidad Bicocca de Milán, Italia. En efecto, como expresaron algunos de los empresarios, se trató de “explorar juntos los caminos de la Economía de Comunión en estas tierras”. “Se ve enseguida la creatividad de América latina –comentó Bruni–. Los protagonistas son los bolivianos, los chilenos, los argentinos… Pero la comunión significa también que tiene que existir una interdependencia entre los diferentes pueblos. Las relaciones tienen que ser de mutuo respeto y de reciprocidad, donde todos dan y todos reciben, un modelo que es superador de la idea de una Europa que da y una América latina que recibe. Cada uno tiene su cultura y sus dones y puede brindarlos sobre la base del principio de subsidiariedad, es decir, las personas que están cerca de los problemas son quienes tienen las soluciones”.
Esta línea de pensamiento se vio reforzada por las acciones concretas de los empresarios. Fue significativa la experiencia de un empresario español, quien comentó cuando en 2007 viajó a Bolivia movido por el deseo de ayudar a crear fuentes de trabajo: “Ver a los niños en las calles, con sus padres trabajando en España, me hizo comprender que era necesario crear las condiciones laborales que favorecieran el desarrollo en el propio país”. Algunos bolivianos, tocados por su gesto de poner a disposición una cantidad importante de las ganancias, aportaron sus capacidades, conocimientos y experiencia. De este intercambio, en pocos días se formó una comisión que gestionara esos fondos para micro-financiamientos, como así también para el asesoramiento y acompañamiento de los distintos emprendimientos que nacieran: una panadería, un comercio de empanadas salteñas, una empresa constructora, otra de transporte y una más de servicios informáticos, además de un emprendimiento de tejidos. En total se generaron quince fuentes de trabajo que dan sustento a muchas más familias.
La panadería Clara Luz (La Guardia, Santa Cruz) nació en 2008 con un préstamo inicial de 18.500 dólares y un aporte propio de 4.000; en la actualidad está saldando su penúltima cuota. Otra de las iniciativas es el transporte turístico DARE (La Paz), que presta servicios a viajeros que visitan lugares relevantes de la cultura andina. Comenzó gracias a un préstamo de 9.000 dólares para la compra de un bus con el que trabajaban un joven y su padre. Otros emprendimientos fueron individuales, como el de Alicia (La Paz), que inició un taller de costura con un préstamo mínimo que le permitió adquirir una máquina de coser.
Durante el congreso, otras empresas de EdC pudieron presentar sus experiencias. Entre las mayores se encuentra Todo Brillo, de Paraguay, con más de 400 trabajadores y diez sucursales; y la pre-cooperativa Tinku Kamayu, de Santa María de Catamarca. En todos los casos se destacó la identidad de la EdC en el contexto de la región. “Sudamérica siempre fue un laboratorio de economías sociales –confirmaba Luigino Bruni–. En la actualidad percibo mayor madurez en estas culturas, que buscan un modelo de desarrollo que no pierde el mercado pero que es superador del capitalismo, típico del norte del mundo. Hay como una rebelión, se teme que el capitalismo destruya el medio ambiente, los territorios, las comunidades. Creo que el futuro de la EdC pasa por el sur y el sudeste del planeta, porque son culturas con capacidad de futuro (vitalidad, entusiasmo, ganas de vivir…)”. A su vez, advirtió el peligro de un modelo demasiado comunitario que pueda impedir el crecimiento de las personas: “Si la EdC lograra reunir la liberación de las personas, la comunidad y el mercado con la comunión, realidades que siempre estuvieron en contraste, tendrá un buen futuro por estas tierras”.
Se trata de semillas de experiencias que, pese a su dimensión limitada, aportan posibles respuestas a problemas sistémicos por el mero hecho de que existen y son empresas activas. La EdC seguirá haciendo su camino “al andar”. En 2011 habrá una cita importante: en Brasil, país donde nació el proyecto, se celebrará su 20º
aniversario, además de otros encuentros de formación y de intercambio para compartir su vitalidad y su potencial .
¿Qué entendemos por Economía de Comunión?
Involucra a empresas que, siendo parte del mercado como tales, distribuyen sus utilidades: una parte para ayudar a personas en indigencia, otra para formar hombres nuevos y otra para reinvertir en la empresa. Actualmente hay más de 700 en todo el mundo y en la última encíclica de Benedicto XI fueron consideradas “ejemplos en donde se vive el don y la gratuidad”.
Más información: www.edc-on





Enviar un comentario nuevo