Hacer dinero no es todo
La entrevista a los profesores Benedetto Gui y Luca Crivelli, ambos docentes de Economía (el primero en la Universidad de Padua, Italia, y el segundo en la Universidad de la Suiza italiana), se realiza en el aeropuerto de Ezeiza, minutos antes de que regresen a sus países de procedencia. Miembros del proyecto de Economía de Comunión –se celebrarán sus primeros 20 años en Brasil– han participado de una escuela de verano dirigida a jóvenes, estudiantes y empresarios en la ciudadela de O’Higgins (Buenos Aires).
¿Qué nos dice la crisis financiera que está sacudiendo el mundo con sus múltiples efectos, como los estallidos sociales en Túnez y Egipto?
Gui: Gui: Por un lado está hablando del rol de la economía financiera, que ha resultado ser un sector parasitario respecto de los demás. Por otro lado, hay un mensaje sobre el rol de esas grandes organizaciones que disponen de estructuras de enormes dimensiones a las que se les delega poder con la esperanza de que el control del mercado sea suficiente para que todo funcione hacia el bien común. Como nunca antes la estructura financiera era cada vez más compleja, con desregulaciones que simplificaban su estructura para ganar más. Es decir, se ignoró el interés general de estabilidad y se prefirió tener libres las manos para obtener más riqueza. Los centros decisionales de las grandes empresas ya no responden a nadie, ni a los accionistas. Tienen el poder de fijar estos esquemas de compensaciones que, para quienes conocen el tema, son ridículos; sólo benefician a pequeños grupos. Esto explica que entre la libertad de mercado y el interés colectivo hay una gran distancia.
Crivelli: Creo que esta crisis está avalando el discurso de la economía social y solidaria –del que participa la Economía de Comunión–, porque cuestiona la legitimidad del modelo económico imperante. Hasta hace unos años se creía que el sistema financiero siempre producía riqueza: está claro que las finanzas también la destruyen, pudiendo generar crisis de grandes dimensiones. Esto nos dice que la riqueza se construye de otro modo, que no es suficiente mover capitales y producir ganancias para generarla. El Banco Grameen 2.0 de Mohammad Yunus, por ejemplo, al colaborar con las multinacionales, hoy resuelve muchos problemas reales y tiene más legitimidad que el sistema financiero, que concentra riqueza y termina siendo parasitario.
Economistas como P. Krugman y J. Stiglitz están criticando las recetas del FMI que se quieren aplicar en Europa porque son las mismas que en el pasado han fracasado en países pobres, donde acentuaron los problemas.
Gui: Las cuentas públicas son preocupantes, porque incluso países que no son objeto de ataques especulativos, como Italia, en poco tiempo podrían serlo. La deuda pública no puede crecer indefinidamente. A mi entender, hace falta activar la enorme masa de riqueza financiera existente, de la que se podría desviar una parte, incluso pequeña, hacia la economía real (producción de bienes y servicios, NdR) y así impulsar los consumos que no realizan las familias porque carecen de dinero, que tampoco realizan las empresas porque son pesimistas ante la crisis, y que no puede concretar el sector público porque se encuentra demasiado endeudado. Eso implica proyectos de inversión, por ejemplo, de infraestructura. El rol del Estado es el de crear el contexto y garantizar que estas infraestructuras generen rentabilidad.
Crivelli: En los momentos de desarrollo y crecimiento, las finanzas públicas deben acostumbrarse a crear fondos anticíclicos para momentos de crisis. Suiza, por ejemplo, lo ha hecho recaudando más de lo necesario, y hoy no se ve afectada por la coyuntura. Hay que asumir la necesidad de este tipo de medidas, tal como ciertas infraestructuras son inversiones y no un costo. Y es un peso que se puede repartir a lo largo del tiempo entre varias generaciones que se beneficiarán de esa inversión. Esto supone ayudar a la ciudadanía a comprender la necesidad de ese esfuerzo.
¿Cómo se explica que las grandes empresas de los Estados Unidos en 2010 hayan tenido utilidades por 1,3 trillones de dólares? Ante una crisis, la variable de ajuste suele ser el trabajo: hay despidos ante la primera señal de estancamiento. Sin embargo, no se discuten los márgenes de utilidad o las enormes bonificaciones que reciben ciertos dirigentes.
Gui: Paradójicamente, la crisis permitió a las empresas reducir mucho el personal y cuando la economía reactivó la demanda de productos, no volvieron a contratar trabajadores.
Crivelli: En un contexto de mercado del trabajo desregulado, cuando hay reactivación, el que se beneficia es el empresario. Es posible que durante los últimos 20 a 30 años la desregulación haya provocado un desequilibrio en la distribución de la plusvalía entre capital y trabajo en beneficio del capital, con una tendencia a la concentración de la riqueza. Entre 1980 y 2000, en los Estados Unidos las remuneraciones de los cinco dirigentes más altos de 1.500 empresas pasaron del 7% al 14% de las utilidades producidas por esas compañías. Por otro lado, los economistas nos hemos acostumbrado a pensar el mercado como un mecanismo que remunera el capital en modo legítimo y más o menos igual en todos lados. Me ha impresionado, analizando ciertas empresas de Economía de Comunión, incluso pequeñas, que obtengan importantes ganancias estando al día con los impuestos, remunerando bien a los trabajadores, etc. Por lo tanto, hay algo que no cierra: la teoría nos ha dicho que esto no era posible, y estas experiencias lo contradicen. Las utilidades, por lo tanto, pueden ser mucho más altas de lo que suele considerarse.
¿Cómo enfrentar las desigualdades que provoca la economía entre áreas muy pobres y otras muy ricas?
Gui: Me alegró descubrir que los empresarios de Economía de Comunión de la escuela de verano en O’Higgins están preocupados por dar trabajo, por valorar a cada empleado, que nadie se sienta excluido... Y parecería que no es ésta la principal preocupación de los empresarios en general. Este tipo de comportamiento es necesario porque influye mucho en caso de inestabilidad económica: si para los empresarios la ocupación es un objetivo en sí o si es una herramienta de la que pueden deshacerse con facilidad. Esto puede agudizar o puede aliviar la crisis.
Crivelli: Según el economista indio Mohammad Yunus un nuevo modelo de economía se construye a través de motivaciones diferentes de la optimización de las ganancias, por ejemplo, resolver el problema social, crear empleo, etcétera. En ese contexto nacen empresas que no tienen la presión de alcanzar grandes ganancias, sino que apuntan a dar trabajo y cubrir los costos, por lo tanto, siendo eficientes y sin esperar una rentabilidad descomunal. En esto son un aporte estudios importantes que dicen que el crecimiento del bienestar material no contribuye sustancialmente a ser más felices. No por nada hay ejemplos de empresarios exitosos, como Bill Gates, que después de un tiempo se cansan de acumular dinero y quieren hacer otras cosas, como actividades filantrópicas.
Es decir, la actividad empresaria entendida como la realización de un proyecto y ya no como una máquina de generar dinero...
Crivelli: Hay una jerarquía de objetivos en la vida, no todo es el dinero, y percibo que está sucediendo. En todas las experiencias de economía social y solidaria he visto que existe la tendencia a crear pautas culturales, lo que en Economía de Comunión se suele llamar “cultura del dar”. El desafío de la economía hoy no es sólo la de producir riqueza y, por lo tanto, servir eficientemente a los consumidores, sino saber proponer estos valores. Sin estos cambios culturales difícilmente habrá una economía distinta.
Gui: Hay un matiz de diferencia entre lograr un proyecto empresarial que resuelve un problema como el empleo, incluso allí donde el Estado no pudo lograrlo, porque agrega un componente de satisfacción especial.





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