Pascua vivida

El Via Crucis más largo del mundo


Vía Crucis, su sólo nombre nos remonta al camino recorrido por el Hijo de Dios, para redimir al género humano. El decir Formosa, nos ubica en su geografía tropical con sus montes, bañados, ríos, su rica fauna, en nuestros hermanos aborígenes, en los hombres y mujeres que transitaron su territorio. Unir ambas vivencias, en especial en la semana del martirio de nuestro Señor, despierta en los peregrinos un profundo sentimiento espiritual de paz y justicia.

“Recorrer año tras año el vía crucis formoseño en  bicicleta es para mí, el reencuentro con mi comunidad, mis vivencias de niñez  y el  afecto de los amigos que vamos conociendo en las distintas localidades a través de los años. Es principalmente el camino del reencuentro con mis tres padres. El primero Jesucristo, con El por mucho tiempo estuve distanciada, porque le reprochaba el haberme dejado huérfana a los 9 años de edad, a través del vía crucis voy año tras año reconciliándome. El segundo mi padre de sangre, quien recorrió durante muchos años esa ruta 81 con su familia, trasladándose de un pueblo a otro  por cuestiones de trabajo, en épocas donde transitarla era toda una proeza, demandaba a veces semanas llegar a destino, y en más de una oportunidad dormíamos a la vera del camino, luchando con los mosquitos y el calor de la zona,  esperando el nuevo día para que salga el sol y oree la carretera para poder continuar. Siempre repetía: esta ruta pronto la asfaltaran, será muy transitada y favorecerá la unión de los pueblos. Falleció sin darse ese gusto. El tercero mi padre adoptivo, él también fue como tantos un luchador, emprendedor  y gestador de progresos, formó su  familia en el interior provincial en  los tiempos difíciles, donde todo era inhóspito y recorría esa ruta 81 en toda su extensión predicando su ideología política”, nos decía Celia Insurralde.

Elio Rivarola, actual Coordinador del Via Crucis junto a Aida Medina nos cuentan la historia. Corría el año 2001, nuestra querida y rica patria Argentina, vivía envilecida a causa de la marginación de una gran parte de su población. Un grupo de hombres mayores, movidos por las enseñanzas y el ejemplo del primer Obispo de Formosa, Monseñor Raúl Scozzina, reflexionan sobre la situación del país confrontando el sacrificio, el dolor y la sangre de quienes forjaron esta provincia con análogos sufrimientos que soportan en la actualidad tantos hermanos argentinos. Muchas veces monseñor había recorrido los caminos de Formosa para asistir en la fe a los pueblos del interior, eran caminos de penuria, igualito al que nuestro Señor Jesucristo recorrió llevando la cruz e inspiró a este grupo de hombres a ofrecer este largo peregrinar, de 512 km. a pie, como súplica por la paz del mundo, por nuestra patria y provincia.

Plantaron 14 cruces, de quebracho y palo santo, madera del lugar y que resiste el clima muy caluroso y húmedo en el este, con sequía al oeste, siempre agobiante en verano.

Contagiados de la ilusión, la utopía y la espiritualidad de Mons. Scozzina y al igual que cualquier formoseño, al meditar cada estación,  dejemos que el Señor  ilumine nuestro peregrinar lleno de cruces y de resurrección y mirando la historia de Formosa admiremos la entrega sacrificada, fraterna y solidaria, que nos invita a construir una historia nueva en el seguimiento de nuestro Redentor.

En la primera estación se recuerda el nacimiento de la “Villa Formosa” así como sus primeros pasos en un camino casi inevitable de dolor y de sangre, a causa del sufrimiento que significó el establecimiento de la nueva población por el desarraigo que padecieron los inmigrantes y por el maltrato al que fueron sometidos los aborígenes.

La segunda cruz se levanta solitaria para recordar a Vialidad Nacional y a los obreros que gastaron sus vidas y a los que murieron para trazar esta línea del progreso.

La tercera cruz en “La Gran Guardia” nombre del Fortín y de la población distante a 7 kilómetros sobre la línea del ferrocarril recordará a los muertos en el servicio de la civilización y a las víctimas de la barbarie.

La cuarta cruz, en Pirané, donde el ferrocarril fue la primera línea que cruzó la adversidad. Por muchos años el ferrocarril fue el único medio de comunicación entre la ciudad y el interior. El tren se internaba entre los montes, bramando las máquinas alimentadas a leña, mientras dejaban a su paso los penachos de humo hamacándose sobre las copas de los árboles.

La quinta cruz, Palo Santo, los montes de esta zona están sembrados de cruces que manos piadosas plantaron recordando a sus seres queridos muertos en pleno bosque.  Era la zona de los Obrajes del quebracho para la fabricación del tanino. Hombres solos, sin familia, venidos de distintos lugares, eran los hacheros que al golpe acompasado del hacha derribaban a los colosos del bosque.

La sexta cruz instalada en Bartolomé de las Casas evoca el  recuerdo perenne del heroico maestro del interior formoseño y su misión que fue camino de cruz. Hombres solos o matrimonios jóvenes venidos del sur, Buenos Aires, Rosario, Corrientes, Entre Ríos. Desencajaban totalmente las lecciones que debían impartir sobre una patria grande y hermosa y la miseria en que se desenvolvía la vida de los alumnos que estaban olvidados en la inmensidad de los campos y de los montes.

La séptima cruz en Ibarreta es un recuerdo y homenaje al inmigrante y al colono que pusieron los cimientos del progreso formoseño.

Las mujeres heroicas y mártires no pueden faltar y se recuerdan en la octava cruz en Pozo del Tigre,  porque al igual que en el Calvario, junto a la primera cruz de la historia, estaba la mujer. Es la mujer aborigen cargando sobre sus espaldas haces de leña y con un niño en los brazos. Es la mujer criolla, que hamaca cunas, cosechera del algodón. Es la mujer gringa que confundió su rubia cabellera con las malezas de los campos. Es la maestra con su femineidad puesta al servicio. Son las innumerables religiosas que llegaron hasta los últimos rincones de la geografía formoseña abnegadas y perseverantes movidas por el Amor.

La novena cruz, se levanta en Las Lomitas donde años atrás los Misioneros Oblatos de María Inmaculada llevaron adelante promisorios Centros de Promoción del Aborigen. El territorio de Formosa se vio manchado con sangre en casi toda su extensión. Algunas expediciones realizadas con fines de exploración fueron excesivamente cruentas por la matanza de indígenas. Esta cruz se levanta como un desagravio a Cristo ultrajado y vilipendiado en los hermanos aborígenes.

Igualmente en la décima cruz, en Juan G. Bazán se continúa la historia de los aborígenes, víctimas del progreso.

Y en la undécima cruz se recuerda a los Misioneros que debían cabalgar leguas, no siempre conseguían agua potable, en ocasiones dormían bajo los árboles, sufrían el calor, transitaban por picadas peligrosas, junto a los molestos mosquitos debían aguantar el hambre y cansancio, el viento norte y los arenales. Andariegos del Evangelio recorrieron la inmensidad del territorio formoseño.

En la duodécima cruz, en Los Chiriguanos, como gratitud a Vialidad Provincial y a todos aquellos que trazaron y abrieron caminos en Formosa cortando las distancias y favoreciendo la unión de los pueblos. Aparecieron los caminos como líneas blancas sobre el suelo oscuro de los montes, malezas y esteros.

La decimotercera estación está en Ingeniero Juárez, y se recuerda la guerra, la cruz más dolorosa para la humanidad. Toda otra desgracia no tiene comparación al hecho que significa la guerra en la que los hombres se matan entre sí y destruyen lo que antes habían construido y quiere ser un recuerdo y un sufragio por los caídos en la guerra del Chaco.

En la decimocuarta estación, ya en los límites con la provincia de Salta, aquí el camino está roto y polvoriento. Reina el monte bajo y árido. Todo es ingrato en este pedazo de suelo. Como en un sepulcro lo único que permanece es la esperanza, así, esta geografía del oeste formoseño espera que llegue el beneficio del progreso. El camino continúa, largo, penoso, pero acerca al viajero a tierras ubérrimas, a paisajes nuevos llenos de belleza. No termina el camino de la cruz, pero en su final aparecen los cerros y un poco más allá los Andes majestuosos. Así es el camino de la vida, un andar laborioso, animado por la esperanza cierta de "los cielos nuevos y de la tierra nueva”.

Decimoquinta estación: Al tercer día resucitó entre los muertos, subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios Padre. Desde allí ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos.

A través del camino de la cruz descubrimos nuestra propia historia, a cada uno de nuestros hermanos, sus sufrimientos, sus esfuerzos, su coraje, su amor por el pueblo que hizo que en esta tierra, tan llena de dolores, emerja lo mejor de nuestra gente. El anuncio de la Resurrección se da en la medida que no nos olvidamos de nuestra historia.

Y el Rey les respondió “os aseguro que en la medida que lo hicisteis con el más pequeño de mis hermanos, lo hicisteis conmigo”.

Experiencia comunitaria
Los caminos de la Mariápolis de O’Higgins –donde se intenta tener como única ley al Evangelio–, sus casas, salas, parques, canchas de deportes reciben año a año a quienes eligen pasar aquí la Semana Santa.

Se trata de una cita muy sentida por familias enteras, parejas o personas solas que, en un clima siempre creciente de amor recíproco, son los protagonistas desde la preparación y participación en el Vía Crucis nocturno, las celebraciones cotidianas, los espacios para la oración, los momentos para el reencuentro con Dios y los hermanos; o al compartir simplemente la mesa, los juegos, las caminatas, las charlas.

“Aquí se vive profundamente la experiencia de la Pascua”. “Gracias a todos los que  hicieron de esta semana la ‘semana santa’. Me ayudaron a reencontrarme con Cristo. Experimenté que Él resucitó en mi corazón”. “No soy muy religioso, pero para ser sincero, aquí me sentí muy cómodo, este lugar te colma de paz”. “Recibí mucho amor y comprensión, traté de amar más a mi prójimo viendo a Jesús en él”. “Cada vez que volvemos a casa crece la convicción de que se puede cambiar el mundo”. “Gracias… tanto las celebraciones como los momentos de reflexión fueron de una sacralidad particular”. Estas han sido algunas de las expresiones de quienes viven una verdadera experiencia de fe en cada Semana Santa en la Mariápolis Lía, ubicada a 245 km de Buenos Aires y de Rosario (mariapolis.org.ar).
María Gabriela Ferreyra (O’Higgins)

Sant’Egidio en Pascua
Con la celebración de la entrada de Jesús, manso y humilde, en Jerusalén, comenzamos a vivir la Semana extraordinaria de la Pasión del Señor. En esos días, más allá de las tantas ofertas de la gran ciudad, nos concentramos en el seguimiento al Señor, con cada una de las celebraciones y los gestos que nos ayudan a volvernos a Él de todo corazón.

La primera de las celebraciones es el recuerdo de los mártires contemporáneos. Esta memoria nos reúne alrededor de aquellos que aun hoy dan su vida por la fidelidad al Evangelio, uniendo su martirio al de muchos otros que nos han precedido en la fe. En estos tiempos en los cuales se han verificado masacres de cristianos, especialmente en Medio Oriente y Asia, pero también en América latina, creemos de vital importancia este recuerdo. Los mártires son hombres y mujeres, sacerdotes, religiosos y laicos que nos hablan de una realidad de la Iglesia que no conoce fronteras ni denominaciones. La celebración en Buenos Aires será presidida por el cardenal Bergoglio, el Martes Santo 19 de abril, a las 19, en la Catedral Metropolitana.Seguidamente la Comunidad de Sant’Egidio ofrece un espacio abierto a la ciudad para vivir las celebraciones del Lavatorio de los pies, el Vía Crucis y la Liturgia de Resurrección, con el deseo de que muchos puedan acercarse al misterio de esta Semana que nos sostiene durante todo el año y nos invita a permanecer cotidianamente al lado de la Cruz del Señor, sin huir, con la esperanza puesta en que llegue la Resurrección para muchos. Contacto: Tel. (011) 4362-4014 o por e-mail: sanegidiobue@hotmail.com 
Andrea Elba Poretti (Buenos Aires)

Riqueza ancestral
Aurora es una comunidad fraterna ubicada en Santa María, provincia de Catamarca, donde se hacen realidad las palabras de Chiara: “Dar la vida por la propia gente”. Está compuesta por PROARVA, las integrantes del Tinku Kamayu y la comunidad educativa del C.P.F.T.A., “Aurora de un Mundo Nuevo”. Aquí vivimos la Pascua de una manera especial ya que iniciamos nuestras actividades justamente para el tiempo de Cuaresma, poniendo en práctica el Programa Integrarte, para formar parte, donde se manifiesta “nuestra cultura, nuestro arte y el talento de los alumnos”, a través de diferentes actividades  y con un verdadero sentido de fraternidad.

Desde los inicios de Aurora detectamos que la profunda y dolorosa llaga que existía en nuestra sociedad era justamente la llaga cultural, que no sanaba porque no encontraba el espacio donde se reconociera la riqueza de la cultura calchaquí.

Tomamos el dolor de esta cultura poco valorada como el trayecto que Jesús hizo con la Cruz a cuestas. Nuestro dolor y el de nuestros alumnos, herederos de una riqueza ancestral, es “la reflexión y el via crucis de Jesús”; en Aurora vamos ayudándonos a reencontrar nuestro pasado, reafirmando el valor de cada uno “amándonos mutuamente, para que todos seamos uno”.

Nuestra resurrección es la resurrección de esta maravillosa cultura, enriquecida con el ideario del Movimiento de los focolares. Y esa es justamente nuestra Pascua: el resurgimiento de la historia de nuestra región y la valoración de las relaciones humanas, logradas a través del amor a Cristo Resucitado.

Desde este rincón de los Valles Calchaquíes les deseamos felices Pascuas a todos los hermanos que nos sentimos parte de Ciudad Nueva.
María Victoria Maturano (Santa María)

La oración espontánea y el Movimiento de la Palabra de Dios
Tanto amó Dios al mundo que en Jesús entregó su vida para salvación de todos los hombres. Muerto por nuestras faltas, resucitó, magnífica y gloriosamente, asumiéndonos en su Amor infinito. Cambiando el rumbo de la humanidad, con la posibilidad de hacerse nueva en el cuerpo resucitado del Señor, partiendo de la unidad del amor, renovando la Iglesia en su laicado, haciendo camino en Jesús para que todos los hombres se salven.

Desde el origen de mi experiencia pastoral y sacerdotal trabajé con jóvenes desde la Palabra de Dios, sentí en mi corazón la urgencia de invitar a un grupo, en el triduo de la Pascua litúrgica, a realizar jornadas de evangelización. Los participantes se encontraron con Jesús presente y vivo en la Palabra de Dios que les iluminó la vida.

En la oración personal y comunitaria, el Espíritu se manifestó en los corazones, derramó dones, la gracia de aplicar las Escrituras a la vida: de experimentar a Dios vivo en cada uno y en medio de todos; de descubrir un vínculo fraterno que excedía las posibilidades y expectativas naturales de la edad juvenil, haciendo arder los corazones en el deseo de amar a Jesús, profundizar la Palabra de Dios, la vida sacramental y descubrir el proyecto personal y social de Dios para sus vidas.

Fui desarrollando la organización pastoral y el camino de los grupos de oración y servicio que dieron continuidad a esta experiencia novedosa en la evangelización y carismática en sus formas. Como camino pastoral, el Movimiento experimenta ser un pueblo surgido eclesialmente de la Pascua. Un pueblo de jóvenes, familias, consagrados y sacerdotes con reconocimiento canónico de la Iglesia. Desde sus inicios, el Movimiento organiza jornadas de Pascua donde se convoca vivir desde la Palabra de Dios y la fraternidad comunitaria la Pascua de Jesús. Ese retiro se ha multiplicado y en el año 2010 se celebraron 67 en 6 países, con una asistencia de 9.500 personas. ¡Cristo vive, Aleluya! Contacto e informes: 011-4943-2631 y/o secre@mopal.org
Padre Ricardo Mártensen (Buenos Aires)

Mariápolis en Paraná
Queremos experimentar juntos la Semana Santa y prepararnos para la Pascua, renovando nuestro sí a Dios, en el marco de una espiritualidad de comunión. ¿Los frutos? Una unión personal con Dios más profunda y una vida comunitaria más verdadera, más “familia”…

Fecha: Desde el jueves 21 de abril a las 18 hs. hasta el domingo 24 después del almuerzo. Lugar: Escuela Almafuerte – La Picada  (a 15 km de la ciudad de Paraná). Informes:
 ffparana@focolares.org.ar; fmparana@focolares.org.ar

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