Los agentes del destino
Refiriéndose a los periodistas, el gran escritor británico G. K. Chesterton decía que éstos poseían un océano de conocimientos... de pocos centímetros de profundidad. Se puede parafrasear el dicho aplicándolo en buena parte de la producción de Hollywood cuando encara temas filosóficos o religiosos. Es la reflexión que cabe luego de asistir a este film basado en un cuento del autor de ciencia ficcion Philip K. Dick (The Adjustment Bureau, 1954) que el director George Nolfi, en su primer trabajo, no logra aprovechar.
¿Somos dueños de nuestro destino o hay un plan que lo dirige? En ese caso, ¿es compatible con el libre albedrío? David, un joven y ambicioso legislador (Matt Damon), pierde las elecciones en el estado de New York por una travesura suya que se filtra en la prensa poco antes de las elecciones. En esa circunstancia conoce (¿casualmente?) a una bailarina (Emily Blunt) y entre los dos nace una instantánea atracción.
Pero parece que el destino de David, que se vislumbrar como una brillante carrera política, no la incluye. El joven descubre que hay seres (¿ángeles?) que en nombre de Alguien que maneja los destinos de los humanos (se refieren a él como Presidente) tratan de corregir los desvíos del "plan" sobre cada persona. A partir de ese momento se instaura una lucha entre David, decidido a reencontrar a la bailarina, y esos seres que tratan de evitarlo (le explican que no se puede confiar en el libre albedrío, porque cada vez que ellos lo han hecho ha habido guerras y tragedias).
Si bien la película cuenta con un buen ritmo, una original historia y un excelente elenco, el director oscila entre los géneros romántico, político y ciencia ficción, pero en las capas superficiales. En síntesis, una película que brinda un buen rato de entretenimiento, pero sin chances de permanecer en la memoria de los cinéfilos.
EE. UU, 2011; Dir.:
George Nolfi; Ints.:
Matt Damon, Emily
Blunt; calificación:
ATP;





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