Libros

El convidado de las últimas fiestas y El ángel negro


El convidado de las últimas fiestas
Maestros y padres coinciden, hoy en día, en que inculcar el hábito de la lectura en los chicos es una tarea difícil, especialmente en tiempos de computadora, playstation y otros entretenimientos tecnológicos. Algo de ese placer que provee la literatura parece haberse recuperado, no obstante, de la mano del famoso Harry Potter y su saga de aventuras. No está mal como puerta de entrada al mundo de los libros. El género de aventuras es especialmente atractivo para los adolescentes, y a éste le siguen, seguramente, “las historias de miedo”.

La colección Clásicos del Terror ofrece una selección de títulos breves, de autores clásicos como Guy de Maupassant o Bram Stoker. El convidado de las últimas fiestas es un relato perteneciente a Auguste de Villiers, escritor francés de la segunda mitad del siglo XIX, amigo de Baudelaire y Richard Wagner. En un ambiente de frivolidad y lujo decadente se desarrolla una reunión entre cinco jóvenes, dos hombres y tres hermosas mujeres, a la que se suma un enigmático invitado. El autor nos muestra aquí que el terror no necesariamente proviene de lo sobrenatural; es el hombre mismo, muchas veces, con su capacidad para el mal, quien provoca el miedo en sus semejantes. Una novelita breve, con una útil introducción sobre el decadentismo francés y la literatura de la época para ubicar a los jóvenes lectores y animarlos a frecuentar los autores clásicos.

Lorena Clara Klappenbach (Buenos Aires)

El ángel negro. Vida de Carlos Robledo Puch, asesino serial
Triste final el adjetivo “negro” para un ángel. Pero es difícil adjudicarle otro cuando se trata de la vida de Carlos Robledo Puch, el mayor criminal de la historia argentina con el lamentable récord de once asesinatos en menos de un año, cuando apenas tenía 19 y no quería “andar sin coche y sin plata”. Cadena perpetua y reclusión accesoria por tiempo indeterminado es la pena que recibió en 1980 y por la que aún hoy pasa sus días y sus noches en el penal 2 de Sierra Chica.

Más allá del atractivo que puede generar el relato puntilloso y la reconstrucción verosímil de cada robo y cada crimen en el marco de un relato policial que nada tiene que envidiar a la novela negra norteamericana, el mayor mérito del libro es conocer qué piensa y cómo vive hoy Robledo Puch. Capítulo a capítulo va apareciendo el hombre solo que espera, que necesita depositar su confianza y acepta las visitas del periodista Rodolfo Palacios, maestro en el arte de mirar a los ojos de hombre a hombre, sin prejuicios ni preámbulos. Escuchando un cassette gastado del “Indio” Solari, sintiéndose heredero legítimo de Juan Domingo Perón, manifestando su voluntad de ser soldado en Malvinas con una carta a Galtieri y convencido de que puede ganar un millón de dólares si consigue que Leonardo Di Caprio interprete su vida en una película, el hombre calificado en los setenta como “bestia humana” y “muñeco maldito” fantasea ahora en salir un día de la cárcel y vivir en la casa de la única persona que lo visita: el propio periodista. “Voy a tu casa. Me tirás un colchoncito y listo, no soy de roncar”, le ha dicho a Palacios.

Con excelente pluma, seriedad periodística y acertadas fuentes (entrevistas con el forense Osvaldo Raffo y el juez Eugenio Zaffaroni, expedientes, declaraciones del juicio, más de 40 cartas), Rodolfo Palacios despeja todas las sombras del ángel negro, capaz de confesarle: “Llevo preso 37 años. Pasé más tiempo en prisión que fuera de ella. No soy un peligro para nadie: ni para mí mismo. Ni siquiera me lastimo cuando me afeito. Tal vez no haya conocido la felicidad. Ni de niño, ni de joven, ni de viejo. No he vivido nada”.

Romina Ryan (Buenos Aires)

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