Básquet

Hazanas doradas en Mar del Plata


El seleccionado argentino de básquet logró el mes pasado un puesto directo para los Juegos Olímpicos de Londres 2012. Pero además, y con justicia, se llevó la Medalla de Oro de la Copa de las Américas, en Mar del Plata. No parecía merecer menos después de dos meses de gira por todo el país, donde se llevaron todos los aplausos por sus logros y cosechas de la última década: el Oro en Atenas 2004 y la Plata en el Mundial 2002, entre otros.

El grupo está compuesto por hombres legendarios que ya, en su mayoría, superan los 30 años. Sin embargo, la edad se vuelve un dato secundario cuando demuestran que el talento prevalece y que, incluso, aumenta con la experiencia. La Argentina disfrutó de las volcadas, los tapones y sobre todo de la humildad y los grandes valores que hacen de éste, además, un grupo de amigos.

Se trata de un equipo con un promedio de pases por jugada que marea a cualquier rival, que anota cuando debe y no porque se autorice a lanzar sólo a los más efectivos, sino porque se alienta al que tenga la pelota e intente embocar. Uno de los mejores tiradores, Carlos Delfino, en algunos momentos no lograba que la naranja ingresara en el aro, y aún así su equipo le seguía prestando la bola para intentarlo nuevamente. Así fue perdiendo el miedo.

Por otro lado, es notable que esta selección esté compuesta por hombres que tienen su vida económica resuelta: con la camiseta celeste y blanca no se obtienen grandes cantidades de dinero; de hecho, reciben una retribución casi simbólica y, sin embargo, no hay cita a la que hayan faltado, poniendo en aviso a los directores técnicos de sus equipos profesionales para poder obtener los permisos a tiempo.

El cordobés Fabricio Oberto, con 37 años, ya había anunciado su retiro en 2010 por problemas cardíacos. ¿Cuántos jugadores confirman y anuncian un retiro y ante la posibilidad de usar la albiceleste vuelven sin dudarlo? Definitivamente, no muchos, pero la gente lo aprecia y no hubo fecha en la que no ovacionaran al pivote.

Otro que se llevó todos los aplausos, sin jugar, fue Leonardo Gutiérrez, quien tiempo atrás se supo que había sufrido una arritmia cardíaca y no iba a poder integrar el equipo. La noticia preocupó ante el temor de que faltara este bastión del sentimiento nacional, ya que es uno de los que se destaca por su garra. El equipo, el cuerpo técnico, todos los fanáticos seguimos paso a paso la cirugía y nos alegramos cuando se supo de su recuperación. Gutiérrez le preguntó entonces al técnico Julio Lamas si al menos podía formar parte del cuerpo técnico para estar cerca del equipo. Y en cada partido, el público no dejó de demostrarle su aprecio.

Sólo quedan palabras de agradecimiento para este grupo de excelentes jugadores y personas, no sólo por sus destrezas sino, sobre todo, por sus valores y virtudes humanas. Tienen relucientes medallas, trofeos, copas y podios. Pero lo que más brilla es la humildad, la confianza, la paciencia y la amistad.

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