Asociación Civil Nuevo Sol

Cambiar la sociedad desde las bases


Es viernes y, como cada final de mes, Susana Rojas, Gabriela Ibrahim y Verónica Sosa están reunidas en la sede de la Asociación Civil Nuevo Sol para comunicarse las experiencias vividas en las últimas semanas, y coordinar esfuerzos de cara al futuro.

Nuevo Sol nació como iniciativa de un grupo de personas del Movimiento de los focolares, en 1998, y comenzó a desarrollar su tarea en ciertos puntos álgidos del Gran Buenos Aires. El objetivo principal es aportar soluciones a algunos de los problemas que acarrea la pobreza, como el abandono infantil y la violencia. La asociación cuenta con centros en tres puntos clave: José C. Paz, Isidro Casanova y Lomas de Zamora.

Formar para promover
La Escuela de Oficios y el Centro Comunitario “Juntos por el Barrio”, de José C. Paz, reciben cada semana alrededor de 150 chicos y 40 adolescentes. Sus objetivos son brindar apoyo escolar e introducir a los asistentes en la práctica de oficios como posibilidad de salida laboral. Actualmente el área más activa es el taller de carpintería, donde niños desde los siete años se familiarizan con la elaboración de distintos productos. También se dictan cursos de tornería y panadería.

En el centro, el fuerte es la ayuda escolar: “Los chicos vienen cuando lo necesitan –cuenta Verónica Sosa, su coordinadora–. Los que están en primaria asisten dos veces por semana en turnos de tres horas y, en el mismo día, pueden tener varias actividades, como computación, recreación o apoyo escolar”. Los encargados de llevar a cabo esta tarea son estudiantes universitarios de ciertas carreras específicas como Matemática, Física o Química, que asisten regularmente al centro para brindar asistencia.

Por otra parte, los chicos de un colegio secundario de la zona tomaron contacto con la Asociación a través de la materia Aprendizaje y Servicio. Aportaron materiales para el centro y a partir de allí se construyeron fuertes lazos de fraternidad. “Aparte de traer las cosas que juntan para el centro tienen que comprometerse a pasar al menos una hora con nuestros chicos”, relata Verónica. “La última vez que vinieron compartieron juegos y merendaron juntos. Al principio con cierta timidez, pero con el correr de la tarde se fueron soltando y hoy intercambian cartas y dibujos entre ellos”. Y culmina: “Es tan fuerte el vínculo que ahora estos chicos están pensando cómo hacer para volver a visitar el centro con alguna otra materia”.

Asistir a la familia
En Lomas de Zamora se encuentra la Casa del Niño “Nuevo Sol”, donde el trabajo se centra en la contención de adolescentes y familias en estado de emergencia. “Tratamos de restituir los derechos vulnerados y trabajamos con chicos en situaciones muy complejas”, explica Gabriela Ibrahim, la coordinadora. “Son familias que han sido castigadas desde hace muchos años por la exclusión”. Lo habitual en el barrio es el matriarcado: las mujeres son quienes sostienen completamente a las familias: “Si se cae la mamá, se cae todo”, resume Gabriela.

Las actividades son variadas. Para los más chicos, que son alrededor de 80, se realizan talleres recreativos que los ayudan a integrarse. A los adolescentes, por su parte, se los asiste en las problemáticas típicas de la edad. “A las familias las acompañamos, las ecuchamos, porque se reúnen en el centro con el objetivo de ser contenidas”, agrega Ibrahim. “Con cada situación se plantean diferentes estrategias. Hacemos diversas actividades, pero todas en función de la realidad de cada uno”.

Para poder desarrollar su tarea la Casa del Niño recurre a la “articulación de base”. “No hay instancias que nos promuevan a encontrarnos con otras instituciones, por lo que vamos buscando espontáneamente los espacios de reunión entre los equipos de escuelas, las unidades sanitarias y otras instituciones que intentan trabajar en red”, concluye Ibrahim.

Mujer y solidaridad
El Centro Comunitario Unidad se encuentra en Isidro Casanova y su tarea difiere de los dos anteriores, puesto que trabajan muy poco con niñez y adolescencia. “Es muy común que a los 15 años las chicas ya sean mamás”, introduce Susana Rojas, quien es responsable de la institución. Y agrega: “Ellas no pueden hacer una vida de adolescentes con las inquietudes normales de la edad”.

El trabajo está orientado, fundamentalmente, hacia las mujeres. También aquí es una realidad la existencia de familias matriarcales, pero con un fuerte componente de violencia de género. “Nos dimos cuenta de que queríamos prevenir la violencia cuando la mujer ya había sido golpeada, entonces empezamos a reunirnos con ellas tratando de que tomen conciencia de que deben ponerse de pie, adoptar otra actitud frente a la situación”, explica Susana. Para lograrlo se implementaron talleres donde las mujeres cuentan con un espacio para plantear su situación, sus preocupaciones y debatir sobre sus derechos.

Por otra parte, también ayudan a la promoción económica a través del “Banquito de la Buena Fe”, una entidad de microcréditos que tiene como objetivo principal generar lazos sociales que fomenten la solidaridad. “Responde a la necesidad de lograr la autonomía económica a partir de lo que ellas mismas saben hacer –detalla Rojas–. Las mujeres son muy trabajadoras y cumplidoras. Tienen una gran capacidad para sobrevivir que hace que, de algún modo, no haya que decirles qué deben hacer”. Y remata con una frase: “No queremos llevarles la piedra filosofal sino que venimos a compartir algo con ellos y a aprender de lo que nos dan.

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