Minidiccionario de Economía

Redescubriendo significados


Economía: una ciencia basada en números y en “felicidad”
La economía nace en el siglo XVIII, en Italia, como “ciencia de la felicidad pública”. El hermoso nombre elegido para la nueva disciplina expresaba la esperanza, ilustrada y reformista, de que si se conseguía transformar la sociedad feudal en una sociedad libre y comercial el Reino de Nápoles (donde surgen estas ideas), Italia y toda Europa podrían conocer por fin una nueva época de vida buena, de bienestar, de civilización y de “felicidad”: felicidad pública.

El adjetivo “pública” añadía por su parte algo importante: la “felicidad” está vinculada al bien común. En una nación o todos son felices o nadie lo es. Porque la “felicidad” de un pueblo es un juego de “coordinación”. Si todos cooperan (o casi todos), se produce el despegue del desarrollo cívico y económico. Lo que consigue la “picardía”, como decía Antonio Genovesi, es que todos quedemos encerrados en distintas trampas de pobreza.

El tiempo de la “felicidad” pública duró poco en Europa. Saint Just, el revolucionario parisino, decía a finales del siglo XVIII que la “felicidad” era una “palabra nueva” en Europa. Ya en la segunda mitad del siglo los reformistas ilustrados observaron que había muchos “pícaros” y que la “felicidad” pública era un objetivo demasiado ambicioso. Por entonces, los Estados Unidos proclamaron el derecho individual a la búsqueda de la “felicidad”, como quedó escrito en su Declaración de Independencia de 1776. Ese mismo año, en Inglaterra, Adam Smith refundó la economía política en base a la “riqueza de las naciones”,  concepto importante y esencial para un pueblo pero mucho menos exigente que el de “felicidad” pública. Es suficiente con buscar el propio interés individual ya que el mercado, con su “mano invisible", se encarga de crear la riqueza pública sin necesidad de entrar en relaciones personales y profundas con los demás conciudadanos. Un elemento que, en cambio, es fundamental para la economía civil napolitana, basada en el concepto de “asistencia mutua”.

De este modo, la “felicidad” pública sólo estuvo presente en el alba de la Europa moderna. Hoy la “felicidad” se está abriendo espacio nuevamente entre los economistas pero como “felicidad individual”. No obstante, existe también una escuela de economistas italianos que vuelve a introducir el tema de la “felicidad” pública en el debate teórico y práctico, uniendo la cuestión de la “felicidad” con la de las relaciones humanas (los “bienes relacionales”). Hoy, como ayer, la “felicidad” pública es frágil porque está expuesta al riesgo de la picaresca. Pero hay que aventurarse, ya que no podemos contentarnos con la “simple” riqueza de unos pocos. Sin dimensión pública, sin la pertenencia a un destino común los pueblos y las ciudades decaen. He aquí por qué la antigua “felicidad pública” es una palabra vital también para hoy.

De la economía de mercado a la sociedad de mercado
La palabra “mercado” encierra una pluralidad de significados. Originariamente el “mercado” era el lugar físico donde se producían intercambios, como el ágora griega, el foro romano, la plaza medieval o las ferias.

En la civilización tradicional el “mercado” ocupaba, y en algunas zonas del planeta todavía lo sigue haciendo, un espacio limitado pero importante en la vida de la ciudad. En esos días la institución que regulaba la producción y asignación de recursos no era el “mercado” basado en los precios y en la moneda, sino la auto-producción y la redistribución de la riqueza.

Esta economía de no-mercado dejó paso a la economía de “mercado”, en un proceso que se aceleró fuertemente en los dos últimos siglos, a partir de la conversión del “mercado” en la principal institución para asignar los recursos en la sociedad.

Lo más visible del mecanismo de “mercado” es el sistema de precios, que es el que garantiza la producción y asignación de recursos. Sin él, decidir qué y cuánto producir resultaría extremadamente complejo.

Hoy la economía de “mercado” se está transformando en sociedad de “mercado”. ¿Cuál es la diferencia? En una economía con mercados pero no “de mercado”, éste es una institución más que, en determinados momentos y lugares, se sitúa al lado de otras instituciones económicas como la familia, el clan, la Iglesia, el tribunal o el Estado. Ellas son las que primero gestionan la vida económica y cívica. Cuando llega la economía de “mercado” pasa a ocupar el centro del ámbito económico, pero las otras instituciones (familia, comunidad, etc.) seguirán siendo medulares en otras esferas de la vida social.

Sin embargo, al entrar en una sociedad de “mercado” los mecanismos económicos (precios, contratos, etc.) gestionan, no sólo la economía, sino toda la vida civil, lo que genera una interpretación de la esfera civil como una serie de contratos, intereses e intercambios mutuamente ventajosos.

Sin una economía de “mercado”, la libertad y la igualdad no están garantizadas, ya que son los sistemas jerárquicos y feudales los que se hacen con el timón. Pero crear una sociedad de “mercado” supone, a la larga, negar la fraternidad puesto que hay ciudadanos a los que no les afectan los contratos por no ser portadores de interés (stakeholders) sino sólo de necesidad (needholders).

Y sin fraternidad tampoco la igualdad y la libertad, grandes conquistas de la economía de “mercado”, llegan a desarrollarse plenamente y a germinar en vida buena.

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