Un año de cine
Durante el año pasado se conocieron algunas películas de estreno que vale la pena recordar, sobre todo porque a menudo se las llega a ver o se vuelven a ver en DVD.
Una obra de animación acertada fue El ilusionista, producción anglo-francesa dirigida por Sylvain Chomet (80 minutos, A.T.P.), que recrea la figura del gran comediante y cineasta Jacques Tati. La nostálgica y poética historia cuenta de un mago francés ya maduro y en declive profesional que viaja contratado a Escocia, donde se encuentra con una chica sin familia. No se entienden con los respectivos idiomas, pero hay entre ellos una gran empatía. El guión original era de Tati, quien no llegó a filmarlo. Por momentos puede recordar a El pibe de Chaplin.
Otro film memorable fue El discurso del rey, producción británica dirigida por Tom Hooper y magníficamente interpretada por Colin Firth, Geoffrey Rush y Helena Bonham Carter (118 mintutos, A.T.P.). Se trata de una historia real (en los dos sentidos del término): Jorge VI, padre de la actual monarca Isabel II, fue coronado después de la abdicación de su hermano, Eduardo VIII. Era el momento en que Gran Bretaña enfrentaba a la Alemania de Hitler. El nuevo rey, que nunca había imaginado tener que ocupar el trono, sufría de tartamudez desde chico y debió luchar arduamente para superar la dificultad que lo atormentaba y poder hablarle a su pueblo.
Una de las grandes sorpresas fue De dioses y hombres, película francesa de Xavier Beauvois (120 mintutos, A.T.P.) que relata el martirio de un grupo de monjes cistercienses en Argelia, en 1996. Vivían en su monasterio, en oración y trabajo, ayudando a la población musulmana y estudiando el Corán. Un testimonio cristiano sobrecogedor y una realización cinematográfica excelente, con una narración sencilla y refinada, acorde con el silencio y la profunda espiritualidad de los monjes. El film sabe transmitir también toda la problemática humana de estos mártires contemporáneos.
La cinta alemana Pina, un homenaje de Wim Wenders a la gran bailarina y coreógrafa Pina Bausch, fallecida en 2009 (103 minutos, A.T.P., en 3D). El director de Las alas del deseo lleva a cabo una extraordinaria realización sobre la danza contemporánea con el grupo que durante más de treinta años dirigió la creadora alemana, quien visitó la Argentina en dos oportunidades. Pina es evocada con emoción por sus discípulos de todo el mundo, en sus lenguas y en sus movimientos.
La película chilena Violeta se fue a los cielos (110 minutos, A.T.P.), dirigida por Andrés Wood y muy bien interpretada por Francisca Gavilán, presenta la azarosa vida de la compositora y cantante Violeta Parra. Una luchadora de enorme talento que salió a la búsqueda del folklore más hondo y auténtico de Chile y supo difundirlo por el mundo. Se quitó la vida en febrero de 1967, a los 49 años, en su teatro de Santiago. En aquellos años no era nada fácil compaginar la condición femenina con la maternidad, los afectos, la creación artística y el ideario político.
En su obra Poesía para el alma (139 minutos, A.M. 16 años), el coreano Lee Chang-dong refiere una historia tan delicada como trágica. Su protagonista, la actriz Yoon Jeong-hee, encarna a una abuela que debe cuidar de su nieto adolescente y poco atento, porque la madre está ausente. Trabaja, se encuentra en una situación límite, pero también admira la naturaleza y va a una taller de poesía. La protagonista lo observa todo, a veces con dolor, pero intenta encontrar la poesía escondida. Es de señalar la original y sabia combinación entre la misericordia y la justicia.
La última realización del cineasta independiente italiano Nanni Moretti puede despertar cierto desconcierto. Se trata de Habemus papa(m), una obra interpretada por Michel Piccoli, el mismo Moretti y Margherita Buy (104 minutos, A.T.P.). Una parodia a propósito de la elección de un pontífice francés que debe suceder a Juan Pablo II. Un ataque de pánico le impide salir al balcón y saludar a los fieles reunidos en la Plaza San Pedro. El mensaje de Moretti, notable cineasta y referente de la izquierda italiana, parece ser: la Iglesia es buena, sus dirigentes están bienintencionados… pero muy lejos de la sociedad contemporánea, de sus necesidades y de su sensibilidad. No hay una crítica malintencionada.





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