Estrategias peligrosas

Jugando con fuego


Estamos jugando con fuego. Y la comunidad internacional podría lamentarlo. La reciente tensión entre Rusia y los Estados Unidos con motivo de la ubicación en Europa de un escudo antimisiles, volvió a abrir un asunto que debería haberse zanjado hace tiempo y del que ya nos hemos ocupado (1). Vladimir Putin, quien volvió a tomar las riendas de la política exterior rusa, no está dispuesto a aceptar que las fuerzas se desequilibren en desventaja de su país con el despliegue del escudo. Por lo tanto amenaza con apuntar hacia Europa sus armas tácticas. La seca declaración emitida por el gobierno de Moscú tiene un claro sentido: Rusia no está dispuesta a que la Casa Blanca limite su rol como potencia mundial.

Por otra parte nadie, y menos aún Putin, cree que el escudo impuesto por los Estados Unidos sirva para proteger al Viejo Continente de un eventual ataque nuclear de Irán, tal como sostiene la versión oficial. Este discurso, por cierto, es alimentado por la ambigüedad del gobierno iraní al respecto. Nadie podría sentirse tranquilo con un presidente como el explosivo iraní Ahmadinejad sabiendo que dispone de armas nucleares. Lo cual no significa ni que Irán ya cuente con ellas, ni que esté próximo a hacerlo. Sin embargo, la disputa ya ha entrado en algo más que polémicas y estrategias diplomáticas. En el reciente foro realizado en Montpellier, Francia, sobre la relación entre el Islam y Occidente, la posibilidad de un ataque militar preventivo a Irán dominó las conversaciones.

A su vez, en los últimos meses fueron asesinados en este país al menos tres científicos vinculados con el sector nuclear por misteriosos comandos que circulaban en motos; y corrió la misma suerte un prestigioso experto en misiles balísticos en oportunidad de un no aclarado accidente en una base militar. Incluso se habló de una explosión nunca confirmada por las autoridades iraníes en un centro nuclear. Se sospecha de la intervención de servicios de inteligencia de los Estados Unidos, Reino Unido y de Israel.

Por otra parte, ante el escenario mediático internacional, quien cumple con el papel de villano es Irán, con el agravante de haber permitido en noviembre el saqueo de la embajada británica en Teherán, un error que vulnera las bases de las relaciones entre países. Sin embargo, pocos reparan en las violaciones de territorios soberanos todas las veces que los aliados occidentales lo han considerado necesario, incluido Israel, quien además posee entre 100 y 300 armas atómicas.

Uno de los temas de la cuestión es la decisión manifestada en varias oportunidades por parte del gobierno de Israel de proceder a bombardear las instalaciones nucleares iraníes si se detecta que el país está en condiciones de desarrollar armas atómicas. ¿Qué pasaría si de verdad Irán lo lograra y en ese momento fuera atacado por Israel? No sería de excluir una represalia nuclear... es la hipótesis que Putin no quiere que se concrete en un área cercana a sus fronteras, de ahí la reacción rusa ante la iniciativa de la Casa Blanca, que no se limita a hostigar al régimen iraní.

En efecto, Rusia se ha dado cuenta de que están en marcha los mismos mecanismos utlizados primero en Afganistán, luego en Irak y recientemente en Libia: una escalada de hechos –no importa si ficticios o reales– a utilizar como casus belli para justificar una nueva intervención militar, esta vez en Siria. Moscú, que en su momento se abstuvo de votar la resolución 1973 que habilitó la intervención contra Libia (2), no está dispuesta a tolerar una nueva jugada que llevaría a las tropas de la OTAN todavía más cerca de sus fronteras, en un conflicto peligrosamente cercano a la delicada área petrolera del Cáucaso. Eso explica la razón por la que en noviembre, según consignó el 24 de ese mes el diario londinense en lengua árabe Al Quds Al Arabi, Moscú envió una partida de los poderosos misiles SS300 junto a personal técnico e instructores, que han aumentado sensiblemente el potencial de defensa antiaérea de Siria. Se trata de armas que pueden monitorear hasta cien blancos y afrontar doce a la vez. Los rusos también han colocado en Siria sistemas de radares para proteger instalaciones militares y vigilar las fronteras. En noviembre, el canciller francés, Alain Juppé, aseguró a los opositores del presidente sirio Assad que la OTAN proyecta una intervención militar “humanitaria” en el país medioriental, al tiempo que el portaviones George HW Bush dejó su teatro de operaciones, el estrecho de Hormuz, para dirigirse hacia las costas sirias, en el Mediterráneo.

La situación es por lo tanto muy delicada. Por un lado, sigue siendo dudoso que Irán haya alcanzado armamento nuclear o que pueda hacerlo en el corto plazo. Por otro, dados los ejemplos de Afganistán, Irak y Libia, poseer un factor disuasor como las armas de destrucción masiva se ha tornado un elemento importante para los países que han sido declarados “Estados canallas”, aunque pocos se dedican a explicar las razones por las cuales otros países no figuran en la misma lista.

En este contexto una decisión imprudente, un cálculo mal hecho o un gesto apresurado pueden desencadenar un conflicto con su secuela de víctimas inocentes.

Y hay un hecho que se plantea como punto de partida de este entuerto: la política exterior de los Estados Unidos se centra en evitar, y por lo visto con cualquier medio, que ninguna otra potencia pueda hacerle sombra. Sin corregir esta postura, será difícil llegar a acuerdos serios que no beneficien sólo el poderío norteamericano.

1. Ver Cn revista N° 480, agosto de 2007. 
2. Ver Cn revista N° 521, mayo de 2011.

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