Haciendo Camino

Encontrar el norte


01 Julio 2013

Fruto de una búsqueda personal sobre en qué “gastar” su vida, a la que no le faltaba nada material, una joven encontró la respuesta en un viaje a Santiago del Estero. Las necesidades del lugar la ayudaron a decidirse y hacer su camino en el Norte argentino.

Hace ocho años, Catalina Hornos era una chica 21 años de Recoleta, que estudiaba y hacía trabajo voluntario, hermana de cuatro hermanos, con amigos, salidas y la vida típica de muchas chicas de su barrio y de su edad. Pero sentía que algo le faltaba. Y quiso buscarlo en el Norte profundo, en las inmensas necesidades de Añatuya, en Santiago del Estero. Se fue de su “barrio bien” a ayudar allá como voluntaria de las Hermanas Vicentinas para dar clases en una escuela albergue. Volvió, a los cinco meses. Había encontrado lo que guiaba su búsqueda, “la diferencia que allá podía hacer”, como recuerda ahora. La “diferencia” es una asociación sin fines de lucro que pensó y puso en marcha una veinteañera, y que en sólo un año asistió a más de 1.900 chicos.

La de Catalina y Haciendo Camino es una de esas historias solidarias “perfectas”, que movilizan y esperanzan. Esas en las que hay alguien que quiere cambiar algo, mueve todos los recursos a su alcance y lo logra. Catalina vio que la desnutrición era (es) un problema gravísimo con consecuencias de largo plazo y, ayudada por un grupo de amigos, creó una asociación civil para combatirla desde su propio centro. “En 2009 me volví a Añatuya a armar la ONG. No me fue difícil tomar la decisión de irme, porque sabía que iba a ser más útil allá, tenía la vocación y el convencimiento. Sí fue difícil de aceptarlo para mis padres, que tenían miedos y, la verdad, expectativas distintas para su hija. Yo me fui sin un sueldo, sin casa. Y al principio me sentía sola, extrañaba”, recuerda Catalina.

El primer trabajo concreto de la organización fue conseguir financiamiento para la estadía y los gastos de decenas de chicos de entre 4 y 13 años que vivían en un hogar dependiente del Obispado de Añatuya, que estaba por cerrar. Con el boca a boca e involucrando a familiares, amigos y conocidos, Catalina y su gente lo consiguió. Después, los voluntarios de la ONG comenzaron a investigar cómo trabajar la problemática de la desnutrición e idear un plan para prevenirla y recuperar a los chicos enfermos. Con el tiempo, se fueron sumando programas para contener al entorno familiar y acercar médicos a las comunidades.
“La desnutrición de los primeros años afecta la capacidad cognitiva y genera problemas de aprendizaje que son irreversibles. Después no sirve todo el apoyo escolar que puedas darle a ese chico, si tuvo problemas de nutrición en su primera infancia. Y en esto, no es suficiente sólo el trabajo con los chicos: es importante el rol activo de la madre y su compromiso en la alimentación y estimulación”, explica Catalina, psicóloga y psicopedagoga.

Hoy, Haciendo Camino tiene centros en Añatuya, Santiago del Estero capital, Monte Quemado, Colonia Dora y Herrera, y uno en la localidad chaqueña de Charata. Para lograr sus objetivos trabaja con la metodología de la Fundación CONIN, impulsada por el prestigioso especialista Abel Albino, que propone un abordaje integral de la problemática social que origina la desnutrición. Cada centro cuenta con un equipo interdisciplinario formado por un director, un trabajador social, un nutricionista, un educador sanitario, una estimuladora temprana, una maestra jardinera y profesoras de oficios, y se acompaña el tratamiento de recuperación nutricional y estimulación temprana en bebés y nenes de hasta cinco años con la formación de la madre en charlas de educación para la salud. También brindan apoyo escolar a los más grandes; a los adultos, talleres de capacitación en oficios (manualidades, carpintería, telar, gastronomía) y formación como emprendedores sociales. Además, un grupo de médicos de diferentes especialidades (clínica, ginecología, dermatología, traumatología, odontología y oftalmología) realiza viajes periódicos a los centros tanto para detectar precozmente enfermedades y tratarlas, como para promover hábitos saludables. Sólo en 2012 atendió a 1.904 nenes, formó a 1.619 madres y colaboró directamente en la educación de 86 niños.

“Es una realidad y una cultura muy distinta de la de Capital, y siempre nosotros fuimos muy respetuosos de esto. No podés llegar a un lugar y pretender cambiarlo, tenés que conocer la problemática y estar metido en ella desde un lugar activo y protagonista. Yo aprendí un montón de cosas de la gente de Añatuya, la principal es que es posible lograr una transformación: hay que confiar en el grupo al que querés ayudar y en sus capacidades”, analiza Catalina.

La ONG se financia con el aporte de voluntarios, que pueden apadrinar el programa de oficios por $175 mensuales o a uno de los chicos del programa de nutrición por $130. También realiza una cena anual de recaudación de fondos, que este año será el 11 de septiembre en La Rural. Y organiza viajes mensuales a Añatuya.

Catalina dice que todavía le quedan unos años más en Santiago del Estero, pero que su novio está en Buenos Aires y que “sólo el amor” la puede sacar del lugar donde armó él proyecto que la transformó a ella y a muchas otras personas. “Pero si vuelvo voy a seguir trabajando desde acá en Haciendo Camino. Y regresaré a trabajar en las villas, como hacía antes”, promete

Más datos: www.haciendocamino.org.ar /
4811-3802

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una genia!!

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