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Intercomunicados ¿o cableados? |
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Las redes sociales son el fenómeno del momento: una plaza tan grande como el mundo en la que todos podemos vernos. O casi: el acceso es sólo para los “amigos”. ¿Es una obsesión superficial o una herramienta que abre un abanico de infinitas posibilidades? |
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Un 4 de febrero de 2004, nacía una red social: Facebook. El fundador, Mark Zuckerberg, junto a Eduardo Saverin, Dustin Moskovitz y Chris Hughes, tenía en mente armar una comunidad sólo para estudiantes de Harvard. Sin embargo, comenzaron a incluir a otras universidades hasta lograr que cualquier mortal con una cuenta de correo electrónico pudiera sumarse. Seis años después, tiene más de 350 millones de usuarios activos, que suben 2.500 millones de fotos al mes, y crean más de 3.500 eventos mensualmente. Probablemente por eso escuchemos el término Facebook con insistencia ya no sólo en internet sino también en otros ámbitos como radio o televisión.
El abanico de actividades que permite una red social es amplio. Desde compartir fotos, mensajes, notas y eventos hasta reencontrarse con viejos conocidos, quizás el mayor atractivo que logra captar nuevos usuarios. Hasta se confunde el concepto “dirección de mail” con el hecho de tener una cuenta en Facebook. Esta popularidad sin dudas desbordó y desdibujó las intenciones iniciales.
Lo cierto es que es posible ganar “amigos” al incorporar contactos a partir de sus cuentas de correo electrónico; de allí en más, la propia red se ocupará de buscar afinidades y conocidos, y les ofrecerá “solicitudes de amistad”.
Twitter es un canal de comunicación permanentemente abierto a amigos, clientes, fans, lectores... y la lista es infinita. Se pueden seguir noticias, ofertas, cotizaciones o temas de actualidad (Aníbal Fernández y Héctor Timerman están entre los políticos fanáticos de dar noticias u opiniones).
En general, la utilización de las redes tiende a ser vista como un entretenimiento, cuando sus posibilidades son mucho más amplias. El uso habitual entre los usuarios argentinos es subir fotos, hacer comentarios, buscar nuevos amigos y hacer públicos detalles de la vida privada, por ejemplo, que Fulano mantiene una “relación abierta” con Mengana.
Sin embargo, hay algunas personas (en un porcentaje bajo), que “exprimen” Facebook y experimentan la reacción del público frente a ciertos artículos, antes de salir al ruedo en forma oficial. Testean así no sólo las reacciones sino también el interés.
En poco tiempo, todos podemos sentir en carne propia el tema de Roberto Carlos: “Quiero tener un millón de amigos”. Sin embargo, allí está también uno de los incordios de Facebook. En primer lugar, en lugar de “amigo” debería decir “conocido” o “contacto”, pero los “milagros” del marketing merecen un párrafo aparte (¿quién no tiene un episodio inesperado con respecto a las “amistades” que esta red propone?). El artilugio semántico tiende a que uno se sienta en confianza y termine compartiendo fotos o haciendo comentarios que corresponden al mundo privado por ignorancia sobre el manejo de la herramienta.
El uso de Facebook requiere una estrategia sobre los contactos que se irán incorporando, por ejemplo, definir si cada actividad del resto será visible en la página inicial. Estos detalles exigen tiempo para evaluar con quiénes “continuará su amistad” o a quiénes se quitará de la página de inicio. Otro punto importante es la privacidad del contenido: cada usuario acepta un contrato al abrir su cuenta y no queda del todo claro quién es el propietario de las imágenes. Muy pocos toman recaudos de seguridad o privacidad, por eso es importante que los padres acompañen a sus hijos en el descubrimiento de los usos de estas nuevas herramientas, ayudándolos a discernir criterios y límites.
El poder de influencia de la red es tan amplio que ya son varios los programas de radio y televisión que incorporaron el uso de la herramienta como forma de conocer en línea lo que opinan los oyentes. Tal el caso de Una vuelta nacional o Letra chica. También señales de televisión como I-Sat, que proponen información detallada y comentarios. Como contrapartida, listas y foros están en baja en la “bolsa digital”, y el valor de las acciones de Facebook va en franco ascenso. Más milagros del marketing.
En breve llegará al celuloide The social Network, film basado en el libro de Ben Mezrich, Multimillonarios por accidente, con el slogan “la fundación de Facebook, una historia de sexo, genialidad y traición”. La peli, que tiene fecha de estreno en la Argentina para el 9 de diciembre, nos permitirá saber más. Habrá que ver y leer.
Amistades virtuales
Las redes sociales implican una gran apertura a nuevos conocimientos y experiencias, rapidez de comunicación, participación en debates, posibilidad de restablecer vínculos con antiguos amigos e iniciar contactos profesionales... Pero también implican poca reflexión crítica, narcisismo y riesgo de toparse con malintencionados.
Los decepcionados –que ya existen– consideran que las comunidades de la red son débiles, que se basan en una intimidad artificial y en el espejismo de relaciones humanas que enmascaran un vacío existencial. Es decir, un mundo irreal en el que no se muere nunca ni se madura experimentando la precariedad de la existencia. Por su parte, los entusiastas aducen que en el mundo virtual todos parecemos más humanos, se navega más para dar que para recibir; el día se llena con sorpresas, novedades y contactos inesperados; la gente invierte su tiempo en alimentar relaciones humanas; se descubre que mucha gente tiene los mismos intereses y se toma conciencia de su presencia continua en nuestra vida.
Probablemente, ambos grupos tienen razón. De hecho, las nuevas formas de establecer relaciones sociales no excluyen a las tradicionales sino que las complementan. Por lo tanto, si una persona es equilibrada humana, psicológica y espiritualmente y lleva una vida social y profesional rica, puede beneficiarse de estos medios para desarrollar aún más su personalidad. Si en cambio todavía no está formada o le falta equilibrio, existe el peligro de agotar sus energías “relacionales” en el mundo virtual.
Julio Márquez (desde España) |
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