Una doble fidelidad  
  Calixto Quispe Huanca es uno de los máximos referentes del diálogo interreligioso latinoamericano. Sacerdote aymara y diácono católico en Bolivia, trabaja como asesor de la Iglesia Incultural en pos de la unidad entre los católicos y las comunidades originarias.  
  –¿Cómo afronta esta realidad la Iglesia católica?
–Es un proceso y hasta ahora no tuve repercusiones porque, probablemente, sea la primera persona en esta situación. Existen las visiones oscuras, las pruebas, los temores de provocar escándalos, pero confío en que estoy en la actitud correcta, que es una acción del Espíritu Santo.

–¿Cuántas comunidades indígenas existen en Bolivia?
–En nuestra concepción política de Estado tenemos 36 pueblos y culturas indígenas. Antes se decía etnias, pero ahora hablamos de pueblos.

–¿Cómo es la convivencia?
– No es homogénea. En la Amazonia boliviana hay muchos indígenas en grupos pequeños, pero también hay otros grandes como los quechuas y los aymaras; el poder ahora está en sus manos. El resto pertenecen a culturas más chicas pero que también son valoradas, como lo demuestra nuestra bandera, que refleja la igualdad en la diversidad.

–¿Las creencias son homogéneas?
–No, hay cosmovisiones distintas. Y a ellas se suma la Iglesia católica, por eso tiene que transmitir con profunda humildad su fe para enriquecer la misión evangelizadora y profética. La Iglesia es la que tiene que denunciar desde el Evangelio todas las injusticias y demostrar que el amor no es excluyente.

–¿Es posible avanzar en el diálogo interreligioso?
–No es sencillo. Recién estamos superando el auge y el fanatismo de las culturas originarias por denunciar quinientos años de explotación y de deuda. La Iglesia, creo que muy sabiamente, optó por el silencio. Ahora los indígenas están en el poder y pienso que lo más inteligente que puede hacer la Iglesia es convocar a los líderes de las organizaciones indígenas y a sus propios sacerdotes indígenas para decirles: “Mal o bien estamos en su tierra, entonces ¿qué Iglesia quieren ustedes, como sacerdotes católicos y organizaciones de líderes? ¿Qué Iglesia debemos construir?”. Estoy pensando no sólo en estructuras sino en defensa de la vida. Aún hoy, cuando practico los ritos católicos, los sacerdotes aymaras murmuran: “Hasta cuándo vas a seguir con eso”. Yo los convoco y los desafío: “Tú eres indígena y heredero de grandes sacerdotes, de sabios, de hombres que han luchado en la resistencia, de importantes seres espirituales. Somos sus descendientes. Ahora es tiempo de poner todo sobre la mesa para aclarar y reformular muchas cosas”.

–¿Cuáles son las dificultades?
–Un tema, por ejemplo, es la Pachamama o Madre Tierra. Se trata de una práctica ancestral en la que no la estamos adorando sino que tenemos encuentros con la naturaleza. La Iglesia, en su proceso de evangelización, creó la mentalidad de pedir: al cerro, a la Pachamama. Eso es idolatrar, por eso tenemos que aclarar algunas cosas: ¿Qué entendemos desde el ser aymara por adoración? ¿Y desde la fe cristiana? Nos dicen: “Los aymaras tienen dioses”, pero para nosotros las tierras no son dioses sino seres con quienes convivimos, discutimos, nos reconciliamos, dialogamos.

–¿Los aymaras creen en una deidad, en un ser superior?
–Me han preguntado si somos politeístas o monoteístas, y yo respondo que no somos ni lo uno ni lo otro. Desde la conversión cristiana sí, somos monoteístas, pero dentro de la cosmovisión andina creemos vivir dentro de la Pacha, con toda la naturaleza, donde no hay un ser supremo y todo está en función de la vida.

–Entonces cada uno tiene su lugar asignado dentro del proceso de la vida...
–Sí, y se entiende mejor practicándolo. Nos han inculcado la imagen de los antropólogos y sus categorías y nos fuerzan a decir en castellano si tenemos dioses o no. La comparación con las religiones occidentales impide comprender lo diferente en profundidad. En ese sentido, es muy positiva la visión de Chiara Lubich, fundadora del Movimiento de los Focolares, en la búsqueda del diálogo entre culturas y religiones. En Cochabamba y en La Paz tratamos de ampliar esa visión.

Una red que cumplió diez años
La Iniciativa de Religiones Unidas (URI, según sus siglas en inglés) es un movimiento que surgió de monseñor William Swing, inspirado en el espíritu de unidad que dio origen a la Carta Orgánica de las Naciones Unidas luego de la Segunda Guerra Mundial. Swing quiso crear una red contenedora capaz de conectar a las personas a través de las religiones, las culturas y el servicio a la paz y la justicia; sueño que comenzó a concretarse en el año 2000 con el URI. La organización está presente en la Argentina y en otros 75 países. En mayo pasado, Buenos Aires fue sede de un encuentro que reunió a representantes católicos, judíos, budistas, musulmanes y anglicanos y a las comunidades mapuche, quechua, aymara y azteca. Compartieron diversas visiones sobre la cooperación religiosa como camino para la paz y la unidad.
 
 
  Diálogo interreligioso
  Testimonio de un católico aymara
 
 
Julio de 2010    
 
 
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